¿Cómo funciona nuestra mente?

Entiendo que para ser la primera entrada de este blog muchos de vosotros/as os esperabais otra temática, pero os prometo que os resultará muy interesante y sobre todo, os servirá para entender mejor el resto de las entradas del blog.

Para poder hacer cambios en nuestra estructura cognitiva (cómo pensamos) resulta imprescindible bajo mi punto de vista, entender cómo funciona el proceso del pensamiento.

rodin

Resulta muy complicado definir qué es un pensamiento. Si nos fijamos en la definición más sencilla, un pensamiento es una capacidad que tenemos los seres humanos para formar ideas y con ellas construir una representación en nuestra mente de lo que nos ocurre. Digamos que nuestra mente es una especie de almacén donde se van guardando y acumulando pensamientos. Muchas circunstancias que nos ocurren en nuestra vida (ej: una discusión con alguien, una relación que se rompe, o incluso una conversa con el vecino), se almacenan en la mente.

Una acción por sí sola no tiene la capacidad de generar un significado. Por ejemplo, ir por la calle y cruzarte con un perro, es una acción que nos ocurre posiblemente cien veces al día a todo el mundo, y que a la gran mayoría de las personas nos pasa desapercibida. En cambio, dependiendo del almacén de cada persona (de su mente) esa misma acción puede no pasar desapercibida. Imaginad a una persona que quiere tener un perro (tiene un deseo, una necesidad), y en concreto está entusiasmado con los pastores alemanes. Esa persona, si se cruza con un perro pastor alemán, no le pasará desapercibida esa acción. Tendrá en su mente esa escena, y muy posiblemente llegue a casa y se acuerde de ese preciso momento, lo que le producirá un sentimiento de satisfacción. Habrá generado un pensamiento, una idea dotada de un sentimiento/emoción: la felicidad, el anhelo, la envidia o lo que sea. Esa idea dotada de emoción le hará actuar de un determinado modo. Quizás empieza a buscar por internet perreras para adoptar a un pastor alemán, o quizás tenga una conversación con su pareja o sus padres para convencerlos de comprar un perro. En cambio, para las personas que les ha pasado desapercibida la acción de cruzarse con el perro, no realizarán el proceso de almacenar la vivencia, dotarla de emoción y emprender una acción.

Siguiendo con el ejemplo del pastor alemán, imaginad a una persona que teme a los perros, porque en el pasado tuvo una mala experiencia con uno de ellos. Si se cruza con el pastor alemán, y resulta que su vivencia negativa fue precisamente con un perro de esa raza, a esa persona no le pasará desapercibido que se ha cruzado con él. Cuando llegue a casa, posiblemente recuerde ese momento porque lo ha almacenado en su psique (mente), haya generado un pensamiento y le produzca un sentimiento/emoción: el miedo, la frustración, la rabia o cualquier otra emoción negativa. Esa generación de pensamiento dotado de emoción hará generar una acción. Quizás se ponga una película que no tenía previsto ver para olvidar la mala experiencia o quizás decida enfrentarse al problema y acudir a un especialista para eliminar de su vida ese temor a los perros.

Con este ejemplo gráfico, lo que quiero demostrar es que la generación de pensamientos depende básicamente; primero de lo que te haya ocurrido en el pasado (experiencias) y lo que te ocurre en tu día a día, en tu entorno, en el contexto en el que vives (vivencias). Estas vivencias se perciben a través de los sentidos.

 

VIVENCIA percibida por nuestros sentidos (positiva o negativa)  GENERACIÓN DE PENSAMIENTO (si no pasa desapercibida) DOTACIÓN DE SENTIMIENTO/EMOCIÓN o significado propio (¿qué nos hace sentir esa vivencia?) ACCIÓN (cómo actuamos respecto a lo que acabamos de vivir)

Nosotros, como seres humanos, donde podemos trabajar es en el significado que queremos darle a esas vivencias (en la dotación de sentimiento/emoción). Éste es el único apartado susceptible de ser modificado por nosotros/as mismos/as.

Este esquema es FUNDAMENTAL y hay que grabarlo a fuego en nuestra retina para poder entender dónde podemos actuar para mejorar nuestra calidad de vida, para generar cambios positivos y aprender a evolucionar o tener un desarrollo personal que nos permita lograr superar situaciones difíciles o que juegan en contra de nuestro bienestar.

Ahora vayamos al apartado más “científico” de la cuestión. Entremos a descubrir dónde se encuentra nuestro almacén. Sigo prometiendo que será muy interesante.

Todo el mundo sabe que el órgano que se encarga del funcionamiento de nuestros pensamientos es el cerebro. Éste resulta ser uno de los mecanismos más complejos creados por la naturaleza, y es el encargado de controlar la mayoría de los aspectos de nuestra vida. Imaginad la importancia de trabajar en él. Para comprender el recorrido de un pensamiento, hay que conocer las partes “físicas” del cerebro por las que circula, y para ello tan sólo hay que conocer tres zonas imprescindibles.

cerebro

La primera de ellas es el tallo cerebral. Como podéis ver en la imagen, el tallo cerebral se encuentra en la base del cerebro, y es la parte más antigua. Fue la primera parte que se formó en el desarrollo de nuestro cerebro humano. De hecho esta zona la compartimos con la mayoría de los animales y se encarga de regular los aspectos vitales para nuestra supervivencia. Regula nuestra respiración, nuestras ganas de comer, de apartar la mano rápidamente si la acercamos al fuego, etcétera. Se encarga pues de los aspectos básicos para sobrevivir, de los reflejos naturales de supervivencia automáticos. Nosotros no necesitamos pensar que tenemos que respirar o que tenemos que tener hambre, y muchos de estos reflejos son inevitables (nadie puede aguantar la mano en el fuego a su antojo, o estar bajo el agua hasta ahogarse de un modo consciente). Cuando el cerebro se ve en una situación de emergencia como las que hemos puesto de ejemplo, le cede el mando al tallo cerebral, para que actúe de un modo “primitivo”.

La segunda zona importante es el sistema límbico, donde se encuentra la amígdala. Id sacando papel y lápiz porque a partir de ahora, la amígdala será nuestra amiga (o enemiga, dependiendo de cómo la eduquemos) y  una protagonista recurrente. La amígdala es una pequeña formación que se encuentra dentro del sistema límbico y tiene forma de nuez. Para que os hagáis una idea, es más pequeña que una uña, pero tiene una importancia ENORME. Es la “jefa de las emociones”. Controla el sistema de emociones de nuestra mente. Digamos que es la que está al mando del centro de operaciones de cualquier emoción (ya sea felicidad, miedo, ira, tristeza, etcétera). Cuando sufrimos situaciones temidas (por ejemplo) la entidad que se pone al mando es la amígdala y manda las señales al tallo: sudoración, temblores, taquicardias.

Podemos utilizar una metáfora tecnológica para entender cómo funciona esta parte del cerebro. La amígdala podría parecerse a un lápiz de memoria (pen drive). En él, se guardan todas las emociones que hemos vivido y las relaciona con determinadas situaciones. Por ejemplo, cuando una persona ha sufrido un accidente de tránsito y ha experimentado una situación de pánico por ese hecho, la amígdala guarda en su memoria esa emoción. Así, cuando en un futuro esa persona se sube a un coche, puede experimentar las sensaciones de pánico que vivió en ese accidente, ya que en la memoria de la amígdala está registrada esa emoción negativa asociada a los automóviles. De ahí que muchas veces la gestión de las emociones resulte de vital importancia, para que este órgano (que lo único que hace es, en su buen hacer, intentar ayudarnos a sobrevivir), no nos limite nuestra vida.

También es la encargada de emociones positivas. Por ejemplo, si de pequeños nos encantaba ir al cine, cuando pasamos cerca de uno, o estamos en un sitio que huele a palomitas, la amígdala recurre a su sistema de memoria para dotar de felicidad ese momento. (No hay que exponer solamente los aspectos negativos de ella).

El desarrollo de la amígdala fue posterior a la del tallo cerebral, pero anterior a la siguiente zona cerebral que vamos a explicar.

Por último, está la parte de la corteza cerebral, y especialmente el córtex frontal (lóbulo frontal en la imagen). Esta parte del cerebro es “la más nueva, la de más reciente creación” y es la que nos hace humanos, la que nos diferencia del resto de los animales. En el córtex frontal se analizan las situaciones, es el apartado racional del ser humano, la mente consciente y la que se encarga de dotar a los pensamientos de raciocinio, de un análisis lógico.

Así pues, podemos ver que el recorrido de los pensamientos es ascendente. Primero pasan por el tallo, luego por la amígdala y finalmente llega a nuestro apartado racional (córtex frontal). El problema es que muchas veces este “recorrido natural” de los pensamientos se ve alterado por distintas razones, y sufre “cortes” o alteraciones, es decir, la amígdala es la protagonista de nuestros pensamientos, y el córtex frontal no tiene la capacidad suficiente de actuar en el proceso de un modo adecuado.

En estos casos, en coaching se utiliza el término de secuestro amigdalar: la persona que sufre esta afección, no tiene las herramientas suficientes para completar el ciclo del pensamiento; para que éste llegue a la parte más racional del cerebro, y de este modo solamente se queda con una interpretación errónea, sesgada o irracional de lo que nos ocurre.

Para verlo mejor podemos poner un ejemplo. Imaginad una situación (que en principio para todo el mundo puede ser desagradable); ir por la calle paseando y ver cómo atracan a una mujer u hombre. Esa es la vivencia, nuestro contexto actual, algo que percibimos por nuestros sentidos y que lo mandan a nuestro cerebro para que genere un pensamiento/acción. Hemos dicho que la primera zona que recibe las señales es el tallo cerebral (encargado de las reacciones primarias).

Estas reacciones primarias se dan en cuestión de milésimas de segundo (recordad que son  reflejos). En este ejemplo, posiblemente lo que haríamos la mayoría de nosotros, primero de todo es activar nuestro estado de alarma, empezar a tensar músculos, agudizar nuestros sentidos para estar atentos/as, etcétera.

La segunda parte en activarse es la amígdala, la que dota de emoción esa situación. Muy posiblemente muchas personas asocien al miedo esa vivencia (debido a las experiencias que tengamos con atracos, las hayamos vivido personalmente o no. Por ejemplo asociar un atraco que vimos en las noticias a la muerte de una persona, a violencia, a algo desagradable y que va en contra de nuestro bienestar en definitiva). La activación de la amígdala no llega tan siquiera a un segundo de tiempo. Es casi instantánea como el caso del tallo cerebral.

La tercera parte en activarse es el córtex frontal. Cuando, una vez experimentadas las reacciones primarias, y las emociones que nos crea esa situación, empezamos a racionalizar lo que está ocurriendo. Allí es cuando creas estrategias como por ejemplo llamar a la policía, actuar para ayudar a esa persona, esconderte para que no te atraquen a ti también etcétera. El problema de la activación del córtex frontal, y por lo tanto del estado racional es que, a diferencia de las dos primeras fases, ésta se activa mucho más tarde. Hablamos de algunos pocos segundos de diferencia, que en proporción a las anteriores es muchísimo tiempo.

Ahora imaginad que esa persona que está viviendo esa situación padece un secuestro amigdalar, es decir, que el ciclo de pensamiento no llega a su fase final (lóbulo frontal). En ese caso la persona no podrá reaccionar racionalmente, no tendrá la capacidad de actuar de un modo correcto y sano para sus intereses, se quedará con la reacción primitiva inicial y el estado emocional que regula la amígdala (pánico, ira, etcétera).

Tanto en coaching como en psicología (disciplinas que tratan de mejorar nuestras habilidades cognitivas), lo que se hace es reforzar a través de ejercicios en las sesiones la zona del córtex frontal, para regular el protagonismo de la amígdala, para reeducarla a través de la zona racional, ya que, aunque ésta sea la última protagonista en la fase del pensamiento, si se refuerza, si se trabaja, tiene la capacidad de regular nuestro sistema cognitivo, de nuestra forma de pensar y actuar.

Así, en casos de baja autoestima, de miedos, de ansiedad, de falta de motivación, lo que se hace es trabajar el lóbulo frontal para restablecer el equilibrio natural del pensamiento, para ser eficaces y tener una mente sana y adecuada.

 

Espero que la idea principal se haya entendido. La intención de este primer post es mostrar de un modo (mínimamente entendible, ya que es un tema muy extenso y complejo) cuál es el recorrido de nuestros pensamientos y dónde podemos actuar para reeducar nuestra mente en caso que sea necesario.

Si tenéis alguna duda, por supuesto estaré encantado de solucionarla en los comentarios, y si queréis contactar conmigo por privado, en el apartado “contacto” tenéis un formulario donde podéis enviar vuestros datos y yo personalmente os responderé con la mayor brevedad posible.

Muchas gracias a todos/as por estar aquí, y nos vemos en los siguientes posts, que serán más prácticos y amenos, pero creo que entender esto es de vital importancia.

¡Un abrazo familia!

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