Procrastinación

La tan recurrente procrastinación… Quizás no la conozcáis por este nombre (es el término que se utiliza en coaching y psicología), pero si vemos su significado estoy seguro que muchos de nosotros/as nos sentiremos identificado/as.

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La procrastinación es el mal hábito que tenemos la gran mayoría de las personas de retrasar la realización de tareas o decisiones que nos resulten tediosas, difíciles o complicadas. Esa acción de postergar (retrasar) la tarea o la decisión trae una serie de consecuencias negativas para nosotros, más de lo que nos creemos, como por ejemplo una disminución de nuestra autoestima o autoconfianza al ver que no somos capaces por nosotros mismos de hacer algo que necesitamos, y de ese modo la imagen que tenemos de nosotros mismos se ve afectada. Empezamos a ponernos adjetivos como que somos unos vagos, que tendríamos que haberlo hecho, que no somos capaces, que somos unos débiles o cobardes, etcétera.

Lo que no sabemos, es que la procrastinación no es un acto que se realice des de la parte racional. De hecho, nuestra mente más irracional es la que toma el control de nosotros en esos momentos, y es la encargada de retrasar esas obligaciones, normalmente sustituyéndolas por otras menos desagradables.

El ser humano, es un animal que siempre busca la satisfacción inmediata, por lo tanto, está en nuestra naturaleza el querer estar siempre en un estado de bienestar, y esas tareas desagradables, como es de entender, no suelen beneficiar a alcanzar un estado de satisfacción, a priori.

Resulta curioso como la mayoría de las decisiones o acciones que postergamos, una vez que se realizan, suele comportar cambios importantes en nuestra vida, la mayoría de veces a mejor. Al fin y al cabo, cuando anhelamos hacer algo y no lo hacemos por miedo, o por estar excusándonos, es porque lo queremos realizar a toda costa, porque es lo que necesitamos realmente, pero nos da miedo hacerlo, o nos disgusta. Nadie quiere tomar decisiones que vayan en contra de sus necesidades.

Por supuesto que la procrastinación está presente en muchos aspectos de nuestra vida, algunos de ellos son problemas relativamente pequeños como podría ser el alumno que deja para última hora el estudio o sus deberes. Ese alumno sabe que tiene que estudiar para el examen, pero al resultarle una tarea o un deber incómodo, tedioso o incluso aburrido, lo que hace es procrastinar. Se autoengaña diciendo que mañana estudiará, que hoy quedará con sus amigos para relajarse y así mañana estar más tranquilo y poder estudiar mejor. Se pone excusas como puede ser que el examen no es hasta dentro de una semana, y que tendrá tiempo suficiente para ir estudiando, y que en este momento prefiere atender otras necesidades más satisfactorias como jugar al ordenador o a la consola, o quedar con los amigos, o incluso limpiar su habitación… todo con tal de no abarcar la acción de estudiar.

Pero por otro lado, el problema de la procrastinación no se centra exclusivamente en problemas “menores” como el del ejemplo anterior. La cuestión de este post es haceros ver que muchas personas también procrastinan en tareas y decisiones muy importantes o incluso vitales como puede ser la decisión de terminar una relación con una pareja, seguir en un trabajo que no les gusta y les crea insatisfacción, y otras contingencias también muy importantes. Esta acción de postergar, de dejar para más adelante, crea frustración en la persona.

A quién no le suena la famosa frase de: “Ahora mismo no es el momento, estoy bajo de fuerzas” o “Tengo otras cosas que atender, ya lo haré más adelante”. Cuando tenemos esos pensamientos, realmente estamos creyendo que eso es cierto, pero desde el punto de vista del coaching, os tengo que decir que todas estas afirmaciones que nos decimos son EXCUSAS. Excusas para auto convencernos y auto engañarnos, para no sentirnos mal por no tomar esa decisión. Nos engañamos para seguir adelante teniendo ese problema sin que lo resolvamos y mientras, vayamos coleccionando excusas y “sub tareas” menos desagradables que nos impidan hacer lo que realmente tenemos que hacer.

Como he dicho anteriormente, la acción de procrastinar no es racional. Cuando procrastinamos no somos conscientes que lo estamos haciendo. Nuestra mente empieza a centrarse en excusas y tareas para evitar, y nosotros al estar auto engañándonos no vemos que ese hábito se está apoderando de nosotros, de nuestras vidas. Tened muy presente que la procrastinación en el futuro acarrea consecuencias negativas.

Existen casos de personas que han vivido en un matrimonio que no han deseado durante años (hablamos de décadas), y de repente, cuando ven que ya no pueden más, se dan cuenta que han perdido diez, veinte o treinta años de su vida por no haber tomado una decisión en su momento. Existe gente que tiene un trabajo que no le gusta, que le desagrada y lleva toda su vida dedicándose a ello, lo cual le frustra, es una persona infeliz y tiene muchos problemas por ello: ansiedad, depresión, abuso de sustancias como el alcohol u otras drogas que le evaden de la realidad, etc. Todo por no atreverse a tomar una decisión adecuada. ¿De verdad nos sale a cuenta esto?

No debemos sentirnos culpables. Lo único que debemos hacer es adquirir conciencia del problema (si somos una persona que procrastina) y tener un compromiso con nosotros/as mismos/as para empezar a dejar de hacerlo.

En este post, trataré de dar una serie de pautas o consejos para empezar a dejar  de procrastinar.

Uno de los primeros consejos es la fijación de unos límites para con nosotros mismos. Cuando sabemos que tenemos por delante una tarea o decisión importante, lo que debemos hacer es marcarnos unas fechas para cumplirla. Por ejemplo, si tenemos pendiente una conversación importante con alguien, no podemos esperar a estar en un momento idóneo para tenerla, ya que ese momento nunca llegará. Podemos decidir: en 30 días voy a tener esa conversación, o voy a tomar esta decisión.

Tras esta fijación en el calendario, es muy bueno programar sub tareas antes de llegar a ese momento. Fijar sub objetivos a la tarea final, lo que hace es ayudarnos a mantenernos cerca del objetivo, desmenuzarlo y que no lo veamos tan grande. Es decir, lo que hacemos es ir quitándole piedras a esa montaña y no tener que escalar todo de golpe el día marcado.

También es importante, al principio de todo actuar poco a poco. Muchas veces, tener un objetivo grande y no ponernos a ello, nos hace pensar que no podremos, que no tenemos las habilidades necesarias para afrontarlo. En ese caso, las sub tareas y la actuación diaria nos trae beneficios respecto a nuestra forma de ver nuestras capacidades o habilidades. Por ejemplo en el objetivo de cambiar de trabajo porque no estamos a gusto en el que estamos y aún así postergamos o procrastinamos, un buen plan de acción seria: primero marcarnos una fecha en la que ya no estemos trabajando en ese lugar, o en ese sector (de aquí dos años como mucho quiero tener otro empleo). Segundo marcarnos unos sub objetivos diarios (al principio sencillos, como obligarnos a entrar en portales web de búsqueda de empleo 5 minutos al día). Aunque parezca una tontería, esos 5 minutos son tremendamente efectivos psicológicamente hablando. Más adelante se podrán modificar esos sub objetivos y ampliarlos hasta llegar a la fecha límite (deadline) marcada por nosotros/as mismos/as en la que tendremos una reunión con nuestro superior y le informaremos que dejamos el empleo.

Igual de importante que realizar esas tareas diarias es recompensarse a uno mismo por haberlas hecho. Por ejemplo, podemos utilizar esas acciones o sub tareas de evitación de las que hemos hablado anteriormente que nos alejan del objetivo como recompensa. En vez de quedar con un amigo/a para no realizar ese trabajo de la universidad, o para no ver a tu pareja y hablar de temas realmente importantes, lo que podemos hacer es tratar primero el problema, y una vez hayamos tenido la fuerza de voluntad de hacerlo, recompensarnos quedando con ese amigo/a, o tomando un café, o yendo a dar una vuelta, o simplemente sin hacer nada. Lo que nos apetezca y nos produzca satisfacción.

Existen teorías psicológicas que en vez de utilizar la recompensa, utilizan el castigo, pero personalmente, prefiero el sistema de recompensas. En el caso del castigo por ejemplo, podríamos poner de ejemplo una persona que quiere ir al gimnasio y procrastina. Se apunta al gimnasio pero nunca va. Esa persona ha de planificar inicialmente que adquiere el compromiso personal de ir cuatro veces por semana (por ejemplo), y si hay un día que no va, tendrá que auto castigarse. Por ejemplo limpiando su habitación o el baño, o realizando alguna tarea que le resulte tediosa. De todos modos, como he dicho anteriormente, este sistema de castigo no lo comparto, pero hay personas que por su personalidad puede irles bien, así que por eso lo expongo.

Los actos diarios crean rutinas. Los seres humanos funcionamos a la perfección en la rutina. Adquirimos una serie de hábitos que, si bien al principio no nos gustan, pero los realizamos cada día, empiezan a formar parte de nuestra zona de confort. Así, y siguiendo con el ejemplo del gimnasio, si vamos durante un par de meses, cuatro veces por semana, absorberemos dentro de nuestra rutina diaria el ir a hacer deporte. El día que no lo hagamos, sentiremos que hay algo que no hemos hecho, lo encontraremos a faltar, y ya no será una tarea tediosa, si no que se habrá convertido en una tarea necesaria para nosotros. Existen estudios (el famoso estudio de los 21 días) que dicen que si realizas una tarea que al principio no estás acostumbrado a hacer o que no lo haces porque no te gusta, y te esfuerzas durante un periodo “X” de tiempo, al final acabas aceptándola y lo haces de forma rutinaria, eliminando el malestar que te crea hacer eso.

Aquí quiero aclarar que lo de los 21 días no es una ciencia exacta, dependerá mucho del tipo de actividad o de acciones que queramos incorporar a nuestra vida, pero es cierto que “forzarnos” al principio a realizar algo y mantenerlo en el tiempo, hace que nuestra mente se amolde a ese nuevo hábito y al final forme parte de nuestro día a día. Somos animales de costumbres.

Volviendo al tema de la procrastinación en decisiones y acciones realmente vitales e importantes para nosotros, puede surgir una pregunta:

¿Realmente esto es lo que quiero hacer? ¿Cómo sé que esto que decidí en su día es algo que merece la pena realizarlo y no me voy a equivocar ahora? Igual no estoy procrastinando, si no que realmente no lo quiero hacer…

Bien, para saber si algo nos conviene, o es lo que queremos hacer y estamos procrastinando primero de todo tenemos que “darnos un margen de tiempo” y analizar la situación. Un ejemplo complejo es el de una persona que hace un año que se casó, y que tras hacerlo ha empezado a pensar o a darse cuenta que realmente no quería estar con esa persona. Normalmente, en esos casos, lo que no se aconseja es tomar decisiones precipitadas, a no ser que sea muy obvio que la relación con esa persona nos repercuta negativamente en nuestra vida. Lo que se suele aconsejar es dejar un cierto margen de tiempo para ver cómo nos sentimos, cómo nos desarrollamos en ese contexto y ver si realmente nuestras necesidades pasan por separarnos de esa persona. En definitiva darnos un tiempo para aclararnos.

Por otro lado, un ejercicio muy beneficioso y que recomiendo encarecidamente es el de llevar un registro de nuestros objetivos vitales. Sería muy recomendable comprarse una libreta y un bolígrafo para apuntar los objetivos que queremos realizar.

Con este ejercicio, lo que evitamos es caer en la “excusa de la duda”. Imaginad una persona que apunta en su libreta de objetivos que quiere dejar de fumar. Al cabo del tiempo, y tras no haber emprendido acciones para ello (procrastinando), se pregunta si realmente es un objetivo que quería realizar. En el momento en el que acudes a tu libreta de objetivos, y ves que está escrito por ti mismo, puedes darte cuenta que eso es algo que realmente quieres hacer, y que si no lo estás haciendo es porque estás procrastinando. Evitamos así caer en el auto engaño.

Para ser directos con todos vosotros/as, si os preguntáis si en vuestro caso que no estáis haciendo cualquier cosa porque no podéis en ese momento por la circunstancia que sea: SI, estáis procrastinando, no hay más respuestas.

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¿Qué tengo que hacer para dejar de procrastinar?

De nuevo quiero ser sincero y directo con vosotros/as. Si queréis dejar de procrastinar, tenéis que dejar de hacerlo. Resulta una tontería quizás esta respuesta, pero es la realidad. De nada os servirá leer este post o veinte libros de autoayuda y “cómo vencer a la procrastinación”. Si os sabéis la teoría pero en la práctica no emprendéis el camino para dejar de hacerlo, es decir, no actuáis, nunca dejaréis de hacerlo.

De nada sirven las excusas, de nada sirve pensar que ese día estás desmotivado/a para realizarlo. Si ese día estás bajo de ánimos o de fuerzas, tendrás la capacidad de hacerlo al 40% o al 20%, pero creedme que esos porcentajes también suman. Una vez lo hayáis hecho, veréis las recompensas y beneficios de haber tenido esa fuerza de voluntad, ganaréis en autoconfianza, en autoestima y os podréis recompensar como queráis, pero para ello, tenéis que adquirir un compromiso con vosotros mismos/as, sea cual sea la tarea o la decisión que hayáis que tomar.

Como veis, la mente puede ser un gran aliado, pero también un enemigo potente que nos limita y trabaja para engañarnos a nosotros mismos/as. Con estos tips que hemos dado en este post, y otros que también son muy interesantes y que se realizan en sesiones de coaching podemos empezar a disminuir ese mal hábito, y a su vez empezar a crecer y tener un desarrollo personal enorme.

Si tenéis alguna pregunta, alguna observación o queréis dejar vuestro feedback, ¡estaré encantado de leer vuestros comentarios!

Muchas gracias, y ¡un saludo familia!

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