Resiliencia

Divorcios, despidos, separaciones traumáticas, muertes de seres queridos, agresiones, atentados, accidentes de tráfico, enfermedades, guerras. Existen miles de situaciones traumáticas en nuestras vidas. Algunas de ellas, desgraciadamente nos toca padecerlas, otras por suerte no.

Lo que está claro es que no podemos elegir sufrirlas o no, simplemente ocurren. Lo que sí que podemos elegir es cómo vamos a enfrentarnos a ellas.

La resiliencia es la capacidad o habilidad que tenemos los humanos de aguantar los malos momentos, las situaciones traumáticas que nos ocurren en nuestra vida. Esa capacidad de tolerar esos malos momentos y salir reforzados de ellos, ser mejor persona, una persona más fuerte.

Para conseguir esa habilidad, lo primero que hay que eliminar es el victimismo. Aunque cueste aceptarlo, a las personas nos encanta ser víctimas. Cuando nos ocurre cualquier situación desagradable, lo más sencillo es coger el rol de víctima, y esperar una ayuda externa o quedarnos bloqueados por los miedos “al fin y al cabo, yo he sido quien ha sufrido esta desgracia, yo soy a quien se le tiene que cuidar”.

Ese rol victimista es negativo para nuestros intereses. No tenemos que esperar que alguien venga a salvarnos, como el niño que se cae en el parque y se hace daño, que en seguida va a buscar a su mamá llorando. La resiliencia trata de desarrollar precisamente esto. La capacidad personal de superar una situación negativa por uno/a mismo/a, y si no tienes las herramientas suficientes buscarlas para poder hacerlo.

Por desgracia, en la sociedad en la que vivimos, la resiliencia no se enseña. Así, las generaciones evolucionamos sin saber cómo podemos enfrentarnos a problemas que nos propone la vida. Y pensad que en una estimación científica, se expone que hay una media de tres situaciones adversas o traumáticas en la vida de cada persona).

Para ver en qué consiste la resiliencia de un modo más gráfico vamos a ver la siguiente imagen:

Dibujo

En este gráfico partimos de un estado normal. La vida no nos ha traído de momento ningún revés fuerte.  De repente, vemos como se ve truncado por una adversidad (la muerte de alguien a quien queríamos, una separación, un accidente, una enfermedad, la pérdida de empleo, etcétera).

Obviamente, cuando nos ocurre una adversidad, nuestro estado emocional y nuestras fuerzas sufren una caída. De repente nos encontramos en un posicionamiento victimista, en el que empezamos a pensar: ¿Por qué me ha ocurrido esto a mí? ¿Cómo voy a poder superarlo? ¡No tengo fuerzas para levantarme de esto y solucionarlo!

En este posicionamiento victimista tenemos poder de decisión. Es nuestra decisión quedarnos permanentemente (toda la vida) en este posicionamiento, o salir de él y pasar a la siguiente fase, que es la de la recuperación.

En esta fase volvemos a recuperar nuestra esencia inicial. Volvemos a ser como éramos antes, pero con la particularidad de haber superado una situación traumática, por lo tanto, de algún modo somos supervivientes. Podemos ser supervivientes de una enfermedad, de un divorcio, de un accidente o de haber salido del paro. La palabra superviviente en este caso se utiliza para demostrar que la persona ha sobrevivido a una situación adversa.

¿Dónde interviene la resiliencia? Pues como podemos ver, una vez hemos vuelto al estado inicial (a ser lo que éramos), podemos decidir aprovechar ese impulso, ese resurgir de la situación traumática para “saltar” un paso más arriba. No dejar de desarrollarnos como personas, ser mejores, y aprender de lo que ha significado la superación de ese problema.

Obviamente, las personas no queremos tener adversidades en nuestra vida para tener que superarlas y así desarrollar la resiliencia, pero sí que podemos elegir ser resilientes o no en el momento en que sea preciso.

De algún modo, las situaciones traumáticas crean heridas en nuestros corazones, en nuestra alma, en nuestra mente, pero tenemos que aprender a ver esas heridas como trofeos, como heridas de guerra. Una guerra que hemos vivido, hemos sufrido y las hemos superado.

La situación perfecta sería ejercer ese músculo emocional que es la resiliencia antes de padecer cualquier situación difícil, pero como se ha dicho anteriormente, desafortunadamente, en la sociedad de hoy en día, a los niños no se les educa para aprender a enfrentarse a esas situaciones. Pero no os preocupéis, porque la capacidad de ser resiliente se puede desarrollar una vez sucedida la situación traumática. De hecho, es un “músculo emocional” que puede fortalecerse en cualquier momento de nuestra vida.

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¿Cómo podemos trabajar nuestra capacidad de resiliencia?

 

Me gustaría daros una serie de tips (consejos) para empezar a aprender a trabajar en esto.

  • Practicar el pensamiento optimista. Aunque mucha gente piense que el optimismo es una cualidad de la persona con la que se nace, no es del todo cierto. Una persona puede nacer con una marcada personalidad optimista o pesimista, pero el optimismo (fundamental y beneficioso para muchísimos aspectos en nuestra vida) se puede trabajar. De hecho, existen estudios que dicen que el optimismo es contagioso, de ahí la famosa frase de: rodéate de gente optimista.

 

  • Modificar el discurso interno. Empezar a dejar de ser víctimas como hemos dicho anteriormente. Dejar de emplear esos tan conocidos generalismos y que tanto daño nos hacen: “Esto siempre va a ser así”, “Nunca voy a superarlo”, “Esto es horrible”… Tenemos que cambiar lo que nos decimos a nosotros mismos. El discurso interno es también fundamental, y hay que aprender a mejorarlo. Pensad que está comprobado que una persona, en promedio se dice a sí misma entre unas 600 y 1000 palabras por minuto. La importancia de lo que nos decimos en esa gran cantidad de palabras es fundamental, ya que ese discurso es la herramienta que tenemos los humanos para moldear nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. Así dentro de un conflicto como por ejemplo perder un empleo, podemos optar por un discurso victimista (tengo 45 años y es muy complicado que me contraten. He ido a 5 entrevistas y me han rechazado, así que ya no voy a ir a ninguna más) o apostar por un estado positivo y tener un discurso interno productivo (esta situación es una oportunidad de cambio, un reto al que enfrentarse e incluso una oportunidad de encontrar un trabajo mejor y que me llene más).

 

  • No culparse de lo ocurrido. Muchas veces en el papel de víctima tendemos a pensar que podríamos haber hecho esto o lo otro por evitar esa situación, cuando no es realmente así. Si eso ocurrió, no fue solamente por tus acciones, seguro que existen muchos otros factores que descartas o ignoras y que tuvieron un papel fundamental.
  • Valora otros momentos pasados de superación personal, por encima de los de terceras personas. Hay mucha gente que piensa en situaciones traumáticas de otras personas y que han sido capaces de superarlas. Por ejemplo ese amigo que padeció un cáncer y que ahora lleva una vida totalmente normal, o ese otro que sufrió un periodo de guerra y fue un refugiado, y que ahora tras muchos sacrificios y lucha vive tranquilo y bien. Si ellos/as lo consiguieron ¿Por qué no voy a poder yo? Psicológicamente, nos resulta más beneficioso pensar que nosotros mismos superamos un problema. Acordarse de cuando superamos un momento difícil y darnos cuenta que la vida son caídas y resurgimientos. Son etapas o épocas que hemos vivido y que nos tocará vivir, y ver como anteriormente tuvimos las herramientas suficientes para superar eso, lo que significa que ahora tenemos incluso más herramientas para solucionar el problema que nos toque padecer.
  • Ayuda a los demás a que sean resilientes. Cuando ayudas a los demás, lo que logras es alejarte de tu situación personal, sales de ti mismo. De este modo, indirectamente estas realizando un ejercicio de refrescar lo que es ser resiliente hacia ti mismo como si fuese una tercera persona que te lo está explicando.
  • Aprende a descansar entre etapas de estrés. El estrés es inevitable. Vivimos en una sociedad que vive surcando la vida a través de situaciones estresantes. En el trabajo, en la familia, en las relaciones. El estrés bien llevado (hablaremos de ello en un post futuro), es un estímulo para crecer y desarrollarnos. Es una de las herramientas para ejercitar el músculo de la resiliencia.
  • Sal de tu zona de confort. Reforzar la resiliencia significa enfrentarte a retos, y los retos están siempre fuera de tu zona de confort. Con la consecución de estos, lo que hacemos es reforzar nuestras habilidades y herramientas e incluso adquirir nuevas para aprender a ser más resilientes. Sin salir de tu zona de confort no podrás evolucionar, ya que mantenerse estancado en ella, es hacer siempre lo mismo (los mismos retos, las mismas rutinas), unas rutinas y retos que ya conocemos y tenemos las habilidades necesarias para sobrevivir allí. Salir de ella, implica crecimiento, implica tener que enfrentarte a situaciones nuevas. Muchas veces el desconocimiento genera miedo, pero es totalmente necesario para cambiar, es el catalizador por excelencia del desarrollo personal.

 

 

Así pues, la resiliencia es una de las capacidades más interesantes que podemos desarrollar como personas, ya que será la encargada de hacernos superar situaciones complicadas que surjan en el camino de nuestras vidas, y por suerte o por desgracia, no existe nadie en éste mundo que pase por la vida sin tener que lidiar con una de ellas. Dependerá de nosotros escoger ser resilientes, valientes y aprovechar ese revés para evolucionar y ser mejores, o por el contrario, adquirir un rol de víctima, paralizarnos y caer en un estado de infelicidad. Obviamente, muchas veces necesitamos la ayuda de personas para aprender a salir de estas situaciones, (no existe nadie en esta vida que por sí solo haya podido solucionar todos los aspectos negativos o situaciones difíciles por su cuenta), pero para eso existen una serie de profesionales como los coach o psicólogos que dan pautas y herramientas para que la persona pueda salir hacia adelante. Aun así, esas pautas y herramientas son sólo eso, pautas. Dependerá de la persona ponerlas en acción o quedarse en la teoría de lo que debería estar haciendo para solucionar sus adversidades.

Muchas gracias por leer el post, y ya sabéis… dejad vuestras impresiones en los comentarios.

¡Un saludo familia!

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