Autoestima

Pensad en vuestr@ mejor amig@, en vuestros padres, en vuestra pareja, da igual. ¿Qué pensáis de ell@s? ¿Cómo los veis? Cuando pensáis en ell@s, ¿qué os viene a la cabeza?

Cuando pensamos en una persona en concreto de nuestro entorno, tenemos una percepción sobre ella. Sabemos que tenemos un amigo/a que se suele enfadar con cierta facilidad, que le afectan determinados comentarios, que le gusta esto o aquello… en definitiva, conocemos sus valores tanto positivos como negativos. Tenemos una idea formada de cómo es esa persona, y dependiendo de esa idea, la aceptamos en nuestra vida, o la rechazamos porque no congeniamos con ella.

Lo mismo pasa con nosotros mismos, con nuestra auto percepción. La autoestima es esa percepción que tenemos de nosotr@s mism@s. Esa idea de cómo somos y en base a esa idea nos valoramos positiva o negativamente.

Dependiendo de si esa valoración es positiva o negativa, estaremos delante de una autoestima alta (sana), o una baja autoestima (situación que conlleva determinados problemas de los que hablaremos a continuación).

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¿Dónde se forja esta autoestima?

El concepto que tenemos de un@ mism@, empieza a forjarse en la infancia. El entorno encargado de educarnos es uno de los factores más importantes para crear una autoestima adecuada (padres, amistades, profesorado, etcétera). Los padres (que suelen ser la entidad educadora más importante en la infancia), son los “mayores responsables” (dependiendo de la educación que les brindan a sus hij@s), de las primeras fases de la autoestima, de los cimientos de ésta.

Así pues, unos padres que reconocen a sus hijos la consecución de los logros obtenidos por éstos y los valoran y refuerzan, contribuyen a la creación de una autoestima positiva en sus hijos. Por otro lado, si los padres no reconocen esos logros a los niños, y lo que suelen hacer es pedirles más logros (por ejemplo, el caso de los padres que no felicitan a sus hijos por aprobar y les exigen que en vez de sacar un aprobado o notable tienen que ir a por el excelente), lo que hacen es contribuir a la creación de una baja autoestima en los niñ@s.

Este ejemplo es una situación como muchas otras que acontecen en la infancia (no tiene porqué ser la única causa de una baja autoestima o una autoestima sana). 

¿Por qué ocurre esto?

Cuando una persona pone su empeño y sus fuerzas en lograr un objetivo, una vez conseguido espera que el resultado le reporte consecuencias positivas. Esta consecución de objetivos refuerza su imagen propia, hace que esa persona confíe en él/ella mism@, en sus actuaciones tanto presentes como venideras. Si esos objetivos no son “suficientes” para su entorno (hablamos de la infancia), lo que ocurre es que ese niñ@ empieza a creer que no es lo suficientemente buen@ y deja de creer en sus capacidades.

Cuando pasamos la etapa de la infancia, las personas empezamos a ser más independientes, no necesitamos ese control paterno, dejamos ese nido de seguridad. Empezamos a buscar un empleo, creamos relaciones con personas por nosotr@s mism@s, y lo hacemos sin ese control de terceras personas. El problema, es que esa falta de confianza en nuestras actuaciones gestadas en la infancia las arrastramos con nosotr@s. Es decir que, cuando nos toca enfrentarnos a la vida por nosotr@s mism@s, hemos forjado una autoestima baja.

La autoestima es un sentimiento, una característica de nuestra mente que fluctúa. Es decir, que varía dependiendo de los acontecimientos que hayamos tenido en nuestra vida. Por lo tanto, aún siendo clave la educación que hayamos recibido, puede modificarse, puede verse alterada tanto en sentido positivo como negativo. De este modo, podemos entender que este sentimiento puede ser modificado, puede ser trabajado para, en el caso de una autoestima baja que tenga implicaciones negativas en nuestra vida, pueda cambiar a mejor.

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Consecuencias negativas de una baja autoestima

Existen muchísimas consecuencias negativas que, sin darnos cuenta, provienen de una baja autoestima. En este post, trataremos de exponer las más relevantes y comunes para las personas que la padecen.

El ser humano es un ser social. Necesita relacionarse con otras personas, y por lo tanto necesita sentirse aceptado/a. Cuando forjamos una autoestima baja, la imagen que tenemos de nosotr@s mismo@s, de nuestra esencia como personas, de lo que realmente somos, no cuenta ni tan siquiera con nuestra aprobación. De este modo, una persona con baja autoestima “tapará” inconscientemente su forma de ser para ser aceptad@ por los demás, dejará de ser ella misma por encajar con el entorno del que quiere formar parte, ya que si se mostrase tal y como es, posiblemente no sería aceptada (según auto percepción).

Esta evitación de mostrarse cómo realmente somos nos hace estar constantemente chequeando o revisando nuestros actos, con el fin de ser perfect@s para los demás. Damos todo lo que podemos a esas personas (amistades, familia, parejas), con tal de ser aceptad@s. Esa exigencia personal nos lleva a un exceso de perfeccionismo. No podemos fallar por si llegamos a defraudar a nuestro entorno. El perfeccionismo conlleva un estrés y sentimientos de ansiedad muy grandes, ya que constantemente nos auto imponemos exámenes que tenemos que pasar con nota, sí o sí (recordando el ejemplo de la infancia y las notas con los padres).

Resulta también algo curioso que, cuando una persona tiene una autoestima baja suele rodearse o relacionarse con personas de algún modo tóxicas. Nuestra mente, de modo inconsciente busca a personas que refuercen o que nos digan que no somos seres válidos para confirmar lo que pensamos de nosotros mism@s.

No es nada extraño que una persona con baja autoestima tenga muchos problemas en sus relaciones.

Además de relacionarnos con personas tóxicas, las personas con baja autoestima crean relaciones dependientes. Esto ocurre porque, al no tener una seguridad en un@ mism@, necesitamos tener a una persona en nuestras vidas, ya que sin ella no nos sentiríamos a gusto, no nos sentiríamos aceptad@s. Pensad que una persona con baja autoestima no se acepta a ella misma, por lo tanto, necesita estar siempre rodeada de personas que la acepten, porque por ella misma no es capaz de hacerlo. De este modo, la dependencia emocional es una consecuencia que comparten la mayoría de personas con baja autoestima.

Estas relaciones son insanas, acarrean consecuencias muy negativas. La dependencia emocional significa que le estás cediendo el poder a una persona de tu felicidad, de tus emociones. Sin esa persona no eres capaz de ser feliz, le concedes el poder de guiar tu vida, vives por ella olvidándote de tus necesidades. Lo haces para que esa persona esté a toda costa a tu lado, porque sin ella, te sentirías sol@ contigo mism@, y debido a tu falta de confianza y de bienestar contigo mism@, esto sería horrible para tus intereses.

Por lo que respecta a otras consecuencias de la baja autoestima, podríamos mencionar la constante evitación de retos personales. Hay que recordar que la falta de confianza lo que hace es limitar tus capacidades, la creencia de que puedes realizar las cosas que te propones, y por lo tanto, una persona con baja confianza o estima propia, cualquier reto le resulta muy difícil de conseguir o imposible, así que deja de planteárselos.

El rendimiento también se ve afectado debido a la percepción de no poder alcanzar los objetivos y por consiguiente, el sentimiento de decepción personal o desmotivación por realizar tus propias metas se ve aumentado.

Viendo las consecuencias que acabamos de mencionar, podemos entender que una persona que no confía en sí misma, y que empieza a evitar metas personales, puede desarrollar un sentimiento de frustración enorme, e incluso un sentimiento de culpa por pensar que es una persona débil que no es capaz de realizar las cosas que quiere (o que si las realiza no lo hace por él/ella mism@, sino que lo hace por no decepcionar a esa persona con la cual mantiene una relación de dependencia y que teme perderla por su “pasividad”). Este cóctel de auto boicot puede llevar a situaciones de estrés, ansiedad e incluso procesos de depresión, debido a la falta de estima propia. La inestabilidad emocional, la dependencia, la inseguridad en él/ella mism@, la rabia, la agresividad, el retraimiento, y un largo etcétera, son consecuencias de una autoestima afectada negativamente.

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El problema de las personas que sufren esta situación es que no conocen sus fortalezas, rara vez las han expuesto y por lo tanto, se desaprueban a ell@s mism@s. Debido a su falta de aprobación, necesitan la aprobación de los demás.

 

Ahora bien… ¿Cuáles son las consecuencias de tener una buena autoestima?

Las personas que tienen desarrollada una buena autoestima tiene seguridad en ellas mismas, confían en sus capacidades, lo que permite que se muestren a los demás tal y como son, sin construcciones sociales para agradar a la gente.

Son personas que se responsabilizan de sus actos (tanto positivos como negativos) que hayan podido hacer, y algo muy importante es que suelen afrontar retos personales ya que confían en sus capacidades para realizarlos.

De este modo, la satisfacción personal se ve aumentada, y por ende su orgullo. La consecución de objetivos personales hace que los resultados lleguen antes o después. No suelen tirar la toalla, creen en ell@s mism@s.

La motivación por realizar cosas nuevas, nuevos retos, de actuar y de esforzarse por estos es una capacidad que tienen estas personas. Recordad que la procrastinación (que tenéis en un post anterior) era ese hábito de postergar. Las personas con autoestima alta no postergan, creen que lo que están haciendo lo pueden conseguir y esa motivación hace que sigan adelante sin procrastinar.

Estas personas, además de todo lo mencionado con anterioridad, desarrollan una independencia en sus actos. No necesitan de otras personas que les confirmen que lo que están haciendo es lo correcto o no (no precisan de la aprobación de los demás). Su iniciativa para iniciar y continuar con proyectos (por ejemplo la creación de un negocio, viajar a un país exótico, iniciar una relación con otra persona, etcétera) es firme, lo hacen con confianza y decisión.

Estas personas suelen ser positivas, siempre miran los retos y se fijan en lo que puede salir bien, no en las consecuencias negativas que pueden suceder de estos.

Además de todo esto, disfrutan de una estabilidad emocional, no suelen ser personas que tengan ansiedad o estrés, y eso les confiere una tranquilidad en su día a día que, al fin y al cabo, es uno de los objetivos que tenemos todas las personas, el vivir con tranquilidad y felicidad.

Un punto muy importante (y que trataremos en un post futuro) es el de la asertividad. Las personas con una autoestima alta creen en ellas mismas, por lo tanto tienen una asertividad (capacidad de decir sí o no dependiendo de lo que esas personas necesiten), que es una habilidad primordial que tenemos que desarrollar las personas para tener una estabilidad emocional correcta.

Como podemos ver, las consecuencias de tener una autoestima alta son infinitamente mejores que una autoestima baja, y creo que, sabiendo todos los puntos a favor y en contra, si una persona sufre de una baja autoestima, no existe mejor forma de emplear su tiempo que en intentar modificar esa situación.

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Algunos tips (consejos) para mejorar nuestra autoestima.

El primero puede resultar el más obvio, pero es fundamental: VALORARSE. Tener en cuenta los aspectos positivos de nuestra forma de ser, de lo que somos. Las personas con baja autoestima suelen centrarse única y exclusivamente en sus aspectos negativos, e incluso algunos de ellos se los inventan, no son ciertos.

Valorar lo que hacemos correctamente, enorgullecernos por nuestras fortalezas, recompensarnos por ello. Es complicado al principio, ya que si eres una persona con baja autoestima, tu mente ha estado durante muchos años haciendo lo contrario, pero un buen ejercicio para empezar a realizar esto es apuntar en una libreta al final del día algo bueno que hayas hecho ese día (ayudar a alguien a cruzar la calle, trabajar y sacar adelante un proyecto, afrontar algo que te incomoda o te da miedo, etc… cualquier cosa por pequeña que nos parezca al principio).

Esta valoración ha de ser personal, es decir, ese valor que le conferimos a lo bueno que hemos hecho, es únicamente para nosotr@s mism@s, no hay que compartirlo con nadie, ni buscar su aprobación.

Dejar de auto juzgarse por las cosas que no hemos hecho, también es esencial. Si hoy no hemos podido realizar cualquier cosa, en vez de juzgarnos y crear un malestar para con nosotr@s mism@s, resulta más productivo prometernos y comprometernos que mañana lo realizaremos, sin excusas, porque nosotr@s podemos. Nos lo marcaremos como un reto. Así empezaremos a ver nuestras habilidades poco a poco y podremos empezar a trabajar en nuestros puntos fuertes y débiles (que todo el mundo tiene). A este ejercicio se le llama ACEPTACIÓN. Aceptación de cómo un@ es, sin juzgar, sin castigarnos por ello. Solamente hace falta ver eso que no nos ha terminado de gustar de lo que hemos hecho, y adquirir el compromiso de que mañana lo haremos, porque podemos.

Existe una gran diferencia entre analizar los puntos débiles que tenemos y castigarnos por ellos. En el primer caso (analizarlos sin juzgar y ponernos el reto de hacerlo mañana), nos ayuda a movilizarnos, desarrollamos una evolución personal positiva. El segundo (juzgarnos y castigarnos por ello), nos incapacita, nos paraliza, no nos ayuda para nada.

Prescindir de las valoraciones de los demás es algo también muy importante. Las personas somos muy propensas a valorar las actuaciones de los demás. Cuando tú haces cualquier cosa, sabes que tendrás a personas que defiendan lo que has hecho y personas que no compartan ese mismo acto. Defensores y detractores.

No existe nadie en el mundo que sea aceptado en su totalidad por el resto de personas. Si creemos en nosotr@s mism@s, las valoraciones o las opiniones de los demás, no han de ser motivo para que dejemos ese reto apartado de nosotr@s. Obviamente es positivo escuchar las opiniones de personas allegadas, que su único objetivo es intentar que hagamos las cosas lo mejor posible. En ese caso es positivo escuchar esas “críticas constructivas”, pero lo que no es sano es dejarse influenciar por la opinión de todo el mundo (resulta contraproducente y lo único que nos aporta es una confusión mental muy grande).

Para finalizar, otro de los tips que recomiendo es escucharse a un@ mism@. Este punto me parece imprescindible. Nadie mejor que nosotr@s mism@s nos conocemos. Nadie mejor para saber qué necesitamos para estar bien. Un día podemos necesitar tomar una cerveza con nuestras amistades, otro día necesitamos una película y no tener nadie alrededor, otro día podemos necesitar desarrollar un proyecto a las 3 de la madrugada, y otro día necesitamos tener una conversación importante con algún familiar, por ejemplo.

Podemos hacer el siguiente ejercicio; ir a un lugar tranquilo donde nadie nos moleste (a nuestra habitación por ejemplo), y realizarnos mentalmente esta pregunta: ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas?

De este modo conectamos con nosotros mismos, y empezamos un dialogo interior centrado en nuestras necesidades, que al fin y al cabo son las más importantes.

Estos son algunos consejos que podéis empezar a poner en práctica si queréis. Recordad también que en las sesiones que imparto, se puede analizar el estado de vuestra autoestima y trabajar en ello para mejorarla en caso que sea necesario.

Si tenéis alguna duda, o algo que aportar ¡me encantará leer vuestros comentarios!

 

Nos vemos en el siguiente post, ¡Un saludo familia!

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