La asertividad. “No sé decir: NO”

La asertividad es una habilidad, una herramienta que tenemos los seres humanos que nos permite expresar a los demás nuestras necesidades, nuestras opiniones respecto a un tema, nuestros deseos, nuestros sentimientos y nuestros límites de un modo claro, sincero y sobretodo respetuoso.

Muchas veces confundimos la expresión de nuestros pensamientos con la imposición de estos; por ejemplo siendo agresivos, imponiendo hacia los demás lo que necesitamos, lo que queremos en ese momento. La asertividad no consiste en eso, de hecho es todo lo contrario. Para ser asertivo en nuestra comunicación, debemos ser honestos, no debemos herir a los demás con nuestras opiniones ni imponer nuestros pensamientos.

No es lo mismo decir: “Yo necesito esto, porque es lo que quiero, y si no te gusta, es lo que hay…”. En esta frase, estás imponiendo tus necesidades, sin explicarlas de un modo racional, afectivo, asertivo. Estamos de acuerdo que en éste caso estaríamos exteriorizando nuestros deseos y necesidades (cosa que está muy bien), pero con una asertividad nula, lo que podría implicar herir a la persona con la que estás teniendo esa conversación.

El modo correcto de decirlo, sería: “Yo necesito esto, porque creo que es una cosa que me iría bien, puede  que no lo compartas, pero me gustaría que lo entendieras”. En este caso expresas de igual forma tus necesidades, tus deseos, pero aceptando que la otra persona tenga un momento de reflexión, darle la oportunidad de poder responder con sus necesidades y llegar a un acuerdo mutuo.

Para tener una asertividad bien desarrollada, necesitamos comprender qué es lo que necesitamos, saber cuáles son nuestros deseos y convencernos de que eso es realmente lo que queremos. Es decir, tener un conocimiento personal de nosotr@s mism@s, una confianza en nuestras decisiones y no titubear respecto a si la otra persona las podría aceptar o no.

Una parte fundamental de la asertividad es aprender a decir NO. Parece una simple palabra, dos letras, una sílaba…. Pero tiene un poder enorme. El NO es una de las palabras más importantes de nuestra comunicación, y a la vez una de las más difíciles de utilizar o pronunciar. Decir no a una persona a la que  tenemos estima, nos hace pensar muchas veces que puede afectarle negativamente, que responderá enfadándose con nosotr@s por negarle lo que nos está pidiendo, y para evitar esa situación, lo que hacemos es no mostrar nuestros límites, es decir, no decir NO. Este acto, por simple que parezca tiene unas implicaciones muy importantes para nosotr@s. Nos resta valor, hace que nuestra autoestima y confianza disminuya, ya que anteponemos las necesidades de los demás a las nuestras.

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Si ni siquiera nosotr@s mism@s luchamos por nuestras necesidades, ¿quién lo hará?

Os pongo un ejemplo. El otro día iba dando un paseo con un buen amigo mío, y decidimos sentarnos a tomar un café para explicarnos cómo nos iba la vida. El chico es fumador, y en ese momento quiso fumar un cigarrillo. Abrió la cajetilla y se fijó en que solamente le quedaban 3 cigarros, y me dijo que necesitaría comprar tabaco, y que a esas horas los estancos estaban cerrados. Su necesidad en ese momento era proveerse de más tabaco. Bien… a los 30 minutos de estar hablando en el bar, se acercó una persona que ni tan siquiera la conocíamos a pedirnos un cigarro. Mi amigo, sin pensarlo cogió la cajetilla de los cigarros y le entregó uno.

Cuando yo le pregunté por qué le había dado uno si hacía media hora se quejaba porque le quedaban solamente tres, me respondió que no quería problemas, que le daba ese cigarro aunque no era lo que quería. Le comenté que debería haberle dicho que solamente le quedaban 3 y que desgraciadamente no podría darle porque no podría comprar tabaco hasta el día siguiente, pero él me dijo que para evitar una situación adversa, en la que esa persona se pusiese agresiva o empezase a decir porque no le dábamos un cigarro, prefería dárselo e ir en contra de sus propias necesidades.

Imaginad el poder de la falta de asertividad. Incluso con personas que no conocemos de nada tenemos esa falta de habilidades, ya sea por miedo a confrontamientos, a hacer daño a esa persona o a negarle las necesidades; interfiriendo de este modo con las nuestras.

Si con una persona que no conocemos, podemos llegar a actuar así, pensad en las personas de nuestro entorno: familiares, amistades, parejas, compañeros de trabajo, etc…

 

¿Por qué cuesta tanto decir NO?

O lo que es lo mismo, ¿por qué nos cuesta poner límites a las necesidades de los demás para ver afectadas las nuestras propias?

Son varios los factores los responsables de esa falta de asertividad. Por un lado, y como hemos mencionado anteriormente, es el miedo. El miedo a expresar nuestros límites y que estos vayan en contra de esa persona con la que estamos interactuando. El ejemplo anterior plasma de un modo muy gráfico este “miedo”.

Por otro lado, nos encontramos con esa necesidad de agradar. Recordad que en el post de la autoestima hablamos que el ser humano es un ser social por naturaleza. Esto implica que las personas buscamos constantemente agradar en círculos sociales para sentirnos parte de ellos. Amistades, parejas, familia, compañer@s de trabajo, vecin@s, jef@s e incluso personas que no conocemos.

Cuando una persona sufre de una baja autoestima, cree firmemente que sus necesidades son “inferiores” o “menos importantes” que las de los demás. Les confieren mayor fuerza a las necesidades de los demás que a las suyas propias. El tan famoso caso del “calzonazos” en una pareja… Muchas veces esta figura es objeto de “burla” por la sociedad, la cual no entiende cómo puede aceptar constantemente los deseos de la otra persona para apartar los suyos. ¿Os suena? Bien… estas personas no han de ser objeto de burla, simplemente son personas que tienen una baja autoestima, y buscan agradar a sus parejas, amistades o el entorno social en el que se mueven constantemente, con el objetivo de ser aceptados y no perder ese rol de persona aceptada o querida. Pero el precio para ser aceptados por esas personas es muy alto, como veremos a continuación.

Así, podemos ver como la falta de asertividad proviene normalmente de dos puntos: el miedo a “dañar” o “enfurecer” a personas a las que no podemos negarles sus necesidades y a la falta de autoestima y su consiguiente dependencia emocional hacia los demás (lo que hace que la asertividad se anule para querer agradar a esas personas, a las que necesitamos a nuestro lado para sentirnos bien).

Además de esto, el aprendizaje en nuestra infancia, sobretodo el tipo de comunicación que tienen nuestros padres, es fundamental para entender a una persona con una alta asertividad o con una baja asertividad. Normalmente, en nuestra etapa de desarrollo social (la infancia), lo que hacemos es observar el tipo de comunicación que realizan nuestros familiares (padres, hermanos…), y a partir de ella, creamos la nuestra. Así, las personas que tienen padres con poca asertividad, suelen tener inclinaciones a ser poco asertivas, mientras que las personas que se han desarrollado en un entorno asertivo, suelen desarrollar esta habilidad correctamente.

Consecuencias de una mala gestión de la asertividad.

La falta de asertividad suele traer emociones negativas. Frustración, ansiedad, baja autoestima, incluso una falta de saber expresar nuestras propias emociones.

Imaginad a esa persona que vive en pareja, y que al tener una baja autoestima, se ve incapaz de negarle nada a su chic@. Un día tras otro, su pareja le propone planes (ir al centro comercial, comprar una cafetera nueva, ir al cine, visitar a unos amigos lejanos, tener hijos, emanciparse juntos, etc…). Si el/la integrante de la pareja con baja asertividad no comparte los planes, pero “se obliga a realizarlos” por miedo a ir en contra de las necesidades de su pareja, ¿Cómo creéis que le puede afectar emocionalmente?

Esa persona estará en constante lucha interna. En su foro interior estará pensando: “no quiero ir al centro comercial hoy, no me apetece”, “no creo que sea momento de emanciparme”, “no estoy preparado para tener hijos”… Pero por otro lado pensará “si le digo que no quiero ir al cine se enfadará y me dejará…” y ¿qué voy a hacer yo sin él/ella? El ejemplo del cine es relativamente sencillo, pero imaginad la situación de querer o no querer tener hijos. Estamos de acuerdo en que es una de las decisiones más importantes de nuestra vida.

Hay muchísimas personas (más de las que os creéis, que actúan desde el miedo a la pérdida o incluso a estar sol@, desde la dependencia emocional, y que para evitar esa pérdida o ese conflicto, prefieren enterrar sus necesidades para vivir al lado de una persona que, quizás no sea la indicada para él/ella en ese momento. Es duro, pero es así.

Obviamente, si un día no te apetece ir al cine o de compras, pero a tu pareja le apetece o es necesario que vayáis, es normal “ceder”. Los momentos puntuales a la hora de flexibilizar nuestras necesidades ayudan a mantener un equilibrio en todas las relaciones. El problema es cuando esa flexibilización se transforma en un hábito, y dejas de tener en cuenta tus necesidades para centrarte en las de los demás. Dejas de ser tú mism@, para ser esa persona que crees que quieren que seas.

 

¿Cómo desarrollar la asertividad?

La asertividad se trabaja en terapia reforzando estos tres pilares fundamentales:

Por un lado. la autoafirmación. Consiste básicamente en exponer y defender nuestras necesidades y nuestros derechos, expresando nuestras opiniones de un modo asertivo.

Luego se refuerza el aprender a expresar sentimientos negativos, lo que nos permite expresar las situaciones o acciones que no resultan desagradables o juegan en contra de nuestras necesidades. Si estamos en desacuerdo con alguna cosa, debemos exponerlo.

Aprender a expresar sentimientos positivos, nos permite expresar las situaciones o acciones que nos resultan agradables, o el carió o afecto que tenemos por las personas y otro punto muy importante es conocer las consecuencias positivas de ser asertiv@: Para entender los beneficios personales y sociales que trae desarrollar esta habilidad y potenciar la motivación por trabajarla.

 

Beneficios de disponer de asertividad.

Cuando una persona es asertiva, significa que tiene muy presente sus necesidades. Confía en él/ella mism@ y por eso es firme a la hora de exponerlas.

Con estos valores personales, la confianza en un@ mism@ se ve muy reforzada, las dependencias emocionales sobre terceras personas no existen, te sientes una persona eficaz y se reduce esos nervios o ansiedades que se dan en situaciones sociales en las que podría darse la ocasión en la que tienes que expresar tus opiniones o tus necesidades y emociones a los demás, ya que no tienes miedo de herir ni ser rechazado por nadie.

De este modo, una persona asertiva es una persona fuerte, con una inteligencia emocional bien desarrollada y que será facilitadora de muchos cambios en su vida (en el caso que esa persona haya tenido un recorrido de baja asertividad hasta ese momento).

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Como veis, comparando los problemas con los beneficios del desarrollo ideal de la asertividad, resulta imprescindible al menos, dedicarle cierto trabajo en el caso que penséis que sois de esas personas que os cuesta negar determinadas cosas a vuestro entorno o expresar vuestros sentimientos, opiniones (sobre todo si lo hacéis de forma sistemática).

En mis sesiones podemos trabajar la asertividad para llegar al objetivo de desarrollarla, así que no dudéis en poneros en contacto conmigo en mi email o en el apartado de “contacto” del blog.

 

 

Espero vuestros comentarios sobre qué os ha parecido este tema. ¡Un abrazo familia!

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