¿Sabemos pedir a los demás lo que necesitamos?

A simple vista, parece una pregunta estúpida, ¡por supuesto que sé pedir lo que necesito!, todo el mundo lo hace, ¿no? Pero si profundizamos un poco en éste aspecto, nos daremos cuenta que mucha gente no sabe pedir las cosas de un modo correcto.

Siguiendo con el post anterior (que habla sobre la asertividad), la comunicación eficaz es una de las herramientas más poderosas de las que disponemos los seres humanos. Depende del uso que le des, tanto si te comunicas hacia los demás como si lo haces hacia ti mismo, obtendrás unos resultados u otros.

¿Qué es pedir?

El acto de pedir es una conexión con nuestras propias necesidades y el reconocer lo que necesitas y atreverte a hacerlo saber. Por ejemplo, si has tenido un día horrible en el trabajo y llegas a casa, tus necesidades son las de descansar. Puedes pedirle a tu familia que haga las tareas del hogar por ti, ya que en ese momento tú no te ves con fuerzas suficientes. ¿Os suena esta situación verdad? Es tremendamente habitual (por desgracia la sufren mucho más las mujeres que los hombres, ya que las tareas del hogar suelen cargarlas ellas, pero eso es otro tema del que me gustaría hablar en un futuro).

Muchas veces, en esta situación, la persona que necesita ese apoyo familiar porque en ese momento lo requiere, lo hace desde la rabia, desde la impotencia de ver que él/ella está cansad@ y que los familiares no la ayudan en nada. En este caso, estamos pidiendo mal. Pedimos desde la expectativa de que las personas sepan lo que necesitamos en todo momento, y… reconozcámoslo, no existe nadie que tenga el poder de saber lo que un@ necesita en cada momento.

Es mucho más eficaz pedir de un modo cortés, haciéndole saber a las personas lo que necesitamos, sin miedo, hablando claro, pero sin exigir nada.

¡Siempre igual… llego del trabajo y están los platos por fregar y la cena por hacer! ¡Estoy hart@ de esta situación! La comunicación agresiva no aporta absolutamente nada positivo. Al contrario, puede ser objeto de disputa, ya que la persona que la recibe puede sentirse atacad@, y tú, que vienes con unas necesidades, no entiendes cómo puede adquirir el rol de víctima o de persona afectada, cuando la persona que tiene esa necesidad eres tú. El resultado es un conflicto.

¿Podríais hacer la cena vosotr@s hoy y fregar los platos, por favor? He tenido un día muy duro en el trabajo y os agradecería que me echaseis una mano. De este modo, estás expresando tus necesidades, lo que quieres en ese momento, sin exigir nada a nadie, de un modo asertivo, y son crear ningún tipo de conflicto. La respuesta será mucho más benevolente, no se sentirán atacad@s los receptores de ese mensaje y el resultado de tu petición será muy distinto al que hemos mencionado anteriormente.

Sé que resulta complicado muchas veces tener esa capacidad de saber pedir, sobretodo en momentos de estrés o también, cuando nos guardamos las cosas durante mucho tiempo, y al final acaban explotando. Por eso es necesario practicar a diario el saber pedir; para no acumular en nuestra mente situaciones negativas que puedan incrementar nuestro malestar con las personas.

La falta de esta habilidad es uno de los factores decisivos a la hora de que nuestras relaciones (con la familia, amistades, parejas, compañer@s de trabajo, etc…) se vean afectadas e incluso en un futuro, con tanto deterioro, puedan llegar a romperse.

Como hemos mencionado antes, la comunicación efectiva es uno de los pilares fundamentales de la inteligencia emocional. Fijaos si es importante, que es una de las áreas más importantes en la que se centra la programación neurolingüística (disciplina psicológica en la que se basan las terapias de coaching).

 

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Enemigos del saber pedir

Son varias las causas por las que muchas veces no sabemos pedir, pedimos mal o directamente no pedimos las cosas.

Por un lado está el sentimiento de vergüenza. Pedir significa tener que demostrar a la gente nuestras necesidades, y a veces lo comparamos con mostrar nuestras vulnerabilidades. Nada más lejos de la realidad. No existe nadie en este mundo que pueda con todo por sí mism@. Necesitamos a los demás para poder conseguir nuestros objetivos y metas, para cubrir nuestras necesidades. Tú no eres distint@ a los demás, y pidiendo, no estás rebajándote, al contrario, estás demostrando que necesitas a esa persona, que confías en ella.

Por otro lado existe el sentimiento de orgullo. Muy parecido al sentimiento de la vergüenza se encuentra éste. No quieres que la gente conozca tus necesidades, crees que por ti mism@ puedes conseguir las cosas, cuando muchas veces no es así. La consecuencia del orgullo es que terminas por no pedir las cosas, y sientes un sentimiento de frustración (porque no haber llegado a conseguir cubrir tu necesidad, y por no haber sido capaz de hacerlo por ti mism@). Con lo sencillo que resulta pedir ayuda o expresar tus necesidades… Pero muchas personas son altamente orgullosas.

También existe el miedo al rechazo. Muchas veces no pedimos las cosas porque anticipamos que esa petición será rechazada por la persona a quien se lo queremos pedir. No le digo esto a mi compañero de trabajo porque sé que me va a decir que no, y entonces nos vamos a enfadar. No le voy a decir a mi hij@ que me acompañe al médico porque ese día ha quedado con sus amig@s y no quiero que me diga que no porque puede llegar a sentarme mal, así que prefiero ir yo sol@ directamente. El miedo al rechazo es un miedo al futuro. Estás prediciendo algo que aún no ha ocurrido. Nos sorprenderíamos de la cantidad de cosas que nuestra mente imagina que puede suceder y que finalmente no son así. De ese modo, estás creándote un conflicto interno que es totalmente contraproducente, ya que estás con el dilema de si pedir (lo que sea) a una persona determinada, o no hacerlo por si me dice que no. ¿No es más sencillo exponer tus necesidades y ver cuál es la reacción de esa persona?

Tenemos que trabajar en un aspecto importante de nuestra mente, que va muy ligado a ese miedo al rechazo. Las personas que temen ser rechazadas, sufren de una baja tolerancia a la frustración. Obviamente, recibir un NO de una persona a la que necesitas, puede doler. Pero, has de entender que quizás esa persona en ese momento no puede hacer eso por ti, por miles de motivos. Si te expone su situación, tienes que realizar el ejercicio de entender el porqué de ese NO y aceptarlo (o no, dependiendo de tus valores), pero al menos, tienes que tratar de empatizar con la decisión de esa persona.

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La culpa. Ese sentimiento que está arraigado a una persona con baja autoestima… Muchas veces no pedimos las cosas porque no nos sentimos merecedor@s de ello. Para pedir, primero tenemos que sentir que merecemos que nos den eso que estamos pidiendo. Sentirnos lo suficientemente importantes y valiosos de pedir esas cosas. Hay gente que no expresa sus emociones, sus sentimientos por ejemplo hacia otra persona porque cree que no puede llegar a gustar a la otra persona. ¿Cómo voy a decirle que necesito un abrazo o un beso suyo? Si ni tan siquiera se habrá fijado en mi… ¿Cómo voy a proponerle salir a tomar algo? ¡Mira como es él/ella, y mira como soy yo!

Reforzar tu autoestima, creer en ti, en tus valores, en tus necesidades es primordial a la hora de tener la confianza necesaria para iniciar el proceso de pedir algo a cualquier persona. Ya sea tu superior, ya sea tu familiar, tu amig@… Has de posicionarte en el mismo nivel que él/ella, nadie está por encima de ti. NADIE.

El miedo a deber algo a cambio también es un enemigo del acto de pedir. No le voy a pedir que me dé vacaciones este día, porque estaré en deuda con él/ella, y entonces siempre tendré en mi mente que tengo que hacer algo a cambio, y no quiero.

Muchas veces, las personas dan sin tener que recibir nada a cambio. Lo hacen como un favor, porque te aprecian, porque les importas, y no por intereses. Se ha de ser inteligente, obviamente, y saber pedir las cosas a las personas que sepas que no lo van a hacer. Si conoces a una persona que es interesada, obviamente lo normal es que espere a cambio ciertos favores, pero, normalmente esto no sucede.

 

Otras veces pedimos mal. Pedimos desde la exigencia. Como hemos mencionado anteriormente, mucha gente va guardando sus necesidades, a la espera de que la persona a la que necesita que le cubra esas necesidades, descubra por sí misma lo que quiere, cuándo lo quiere y cómo lo quiere. Esto crea un sentimiento de enfado hacia esa persona porque creemos que nos conoce lo suficientemente bien como para tener que ir explicándole lo que necesitas. Cada vez que nos guardamos algo, estamos reprimiendo sentimientos, y creedme cuando os digo que puede ser una bomba de relojería. Una vez ya no podemos más les exigimos a las personas que hagan lo que necesitamos desde el enfado, no respetamos el tempo de la ayuda porque se lleva mucho tiempo aguantando sin pedirlo como en el ejemplo de la persona que llega a casa y espera que le ayuden.

También pedimos desde la seducción. ¿Cómo es eso? Os suena la frase: [… es que como eres tan buena persona, ¿podrías hacer esto por mí?] En este caso, estamos intentando seducir a la persona con el objetivo de pedirle un favor, o una necesidad. Podríamos incluso decir que estás jugando con el chantaje emocional. Primero, con el objetivo de agradar y de que esa persona se sienta forzada a hacer eso por tus bonitas palabras, le dices la cualidad que quiere escuchar, y luego le expones tu necesidad para que se sienta obligad@ a hacerlo. No es un buen modo de pedir las cosas, ya que lo que haces es rebajar la tensión que te produce pedir algo que necesitas.

Por último me gustaría mencionar el pedir las cosas desde la victimización. Adquirir el rol de víctima, de “pobrecit@” con el fin de que hagan cosas por ti implica el no tener el valor necesario de aceptar que necesitas la ayuda de determinadas personas en determinados momentos. Es un claro ejemplo de chantaje emocional, y se utiliza mucho más de lo que nos creemos. Hacerte la víctima con el objetivo de que la otra persona se apiade de ti y se vea forzada a hacer lo que quieres que haga, aunque no quiera.

 

Aquí dejo mi reflexión: ¿No es más sencillo pedir desde el respeto a las personas que desde el chantaje? Si necesitamos utilizar esa estrategia, estamos anticipando que quizás la persona a la que le estamos pidiendo ese favor, puede que no nos lo realice, y que eso nos duela. Quizás es más sabio aprender primero de todo a saber que la gente tiene la potestad de negarse, de decirte que NO a lo que les pides porque no quieren hacerlo. Recordad que la gente ha de poner unos límites. Quizás esa persona no sea la indicada para que realice eso que tú necesitas, quizás te estás equivocando al pedirle ciertas cosas a esa persona que sabes que no lo va a hacer. Quizás estás esperando a que esa persona se apiade de ti, que cambie, que sea como tú quieres que sea a cambio de victimizarte, de seducirle, o de esperar que él o ella por arte de magia sean de un modo distinto.

Quizás el problema no esta en ell@s, sino en nosotr@s. 

Aprender a pedir te facilitará mucho tu capacidad para relacionarte con las personas, y sobre todo, y más importante aún, reforzará un vínculo interior contigo mism@; la conexión entre tu parte racional y tus necesidades y emociones.

Si queréis aprender más sobre este tema, si creéis que quizás tenéis alguna debilidad en las habilidades que hemos mencionado en este post o si tenéis alguna sugerencia, no estáis de acuerdo con algo o queréis trabajar esta poderosa herramienta conmigo, poneos en contacto y estaré encantado de escuchar vuestro feedback.

Sin más, os espero la próxima semana para seguir aprendiendo un poco más sobre nosotr@s mismos, en un espacio para la reflexión y la evolución personal.

 

¡Un abrazo familia!

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