Saber perdonar

Saber perdonar, qué difícil ¿verdad?

Cuando una persona entra en conflicto con otra, el rencor, el castigo hacia esa misma persona, o incluso hacia ti mism@ son sentimientos y emociones que llevamos encima. Esos sentimientos desprenden dolor, decepción, tristeza, muchas veces incluso anhelo por volver a tener el mismo aprecio o amor que sentíamos por esa persona antes del acto en el que entramos en conflicto con ella.

El acto de perdonar (o de perdonarse) es uno de los actos más complicados que podemos llegar a realizar los seres humanos. Perdonar no significa decir en voz alta: te perdono, acepto tus disculpas, no pasa nada… Si no perdonamos de verdad, si no dejamos apartada la afrenta que nos significó enfadarnos con esa persona, jamás perdonaremos de verdad. Como veis, en ningún momento hemos hablado de olvidar… Para llegar al olvido, primero se tiene que dejar de lado ese conflicto. Es imposible olvidar una situación dolorosa con una persona, no tenemos la capacidad de resetear nuestra mente; no podemos apretar un botón y que eso desaparezca de nuestros recuerdos, de nuestra memoria. Pero hay algo que si que podemos trabajar: la constancia.

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Si queremos perdonar, tendremos que estar perdonando constantemente. Me explico. Cuando has tomado la decisión de perdonar a una persona por un daño que te han hecho, la mente te recordará constantemente ese acto de dolor, sobre todo al principio, cuando es más reciente. Como hemos comentado, no podemos “olvidar” por arte de magia. Si nuestra decisión de perdonar es firme, tenemos que tener una constancia en ello. Cada vez que recordemos el conflicto con esa persona, si hemos aceptado perdonarla, tendremos que revertir ese pensamiento negativo. Pongo un ejemplo: Un@ amig@ nuestr@ nos ha confirmado la asistencia a nuestro cumpleaños, pero en el último momento nos dice que se encuentra mal y no puede venir. Más adelante nos enteramos que nuestr@ amig@ no vino a nuestro cumpleaños no porque se encontrase mal, sino porque tenía otro plan con otra persona.

Bien, antes de nada, hay que aceptar que la actuación de nuestr@ amig@ no es correcta. Nos ha mentido, y por lo tanto, se ha creado un conflicto emocional entre nosotr@s. Una vez aceptada la situación negativa, debemos mantener un juicio de prioridades, es decir, saber si esa persona pese a habernos mentido, vale la pena perdonarla por lo que nos aporta. Como comprenderéis, no es lo mismo que te haga esto tu mejor amig@, que te aporta tantas cosas positivas en la vida, que si te lo hace una persona que no es especialmente importante para ti.

Una vez has decidido si vale la pena perdonarla o no, se tiene que ser firme en la decisión que has tomado. No sirve absolutamente de nada comunicar a esa persona que estás dispuesta a perdonarla, y en un futuro, en el que haya otro pequeño conflicto, saques a relucir de nuevo el conflicto que decidiste perdonar en su día. De hecho, en ese momento, la persona que está actuando mal eres tú, ya que faltaste a tu palabra de perdonarla (recordad que el perdón es una decisión personal, es una responsabilidad importante que tomas con la otra persona).

Durante los primeros días, semanas o incluso meses, esa afrenta que recibiste por parte de tu amig@ volverá a tu mente constantemente. De hecho, muchas veces sentimos que ya no vemos a esa persona del mismo modo en el que la veíamos antes. Eso significa que tu percepción hacia esa persona está dañada.

En el momento en el que sobreviene a tu mente ese dolor, tienes que perdonarla. Si te viene 3 veces, la tendrás que perdonar 3 veces, si te viene 45, lo tendrás que hacer 45 veces. (Obviamente si es algo que no puedes olvidar, tendrás que replantearte si ese conflicto es demasiado grande para tus intereses, y si no estás capacitad@ para perdonarla, posiblemente la mejor opción sea terminar la relación con esa persona).

Si hay algo que he aprendido es que el tiempo lo cura todo. Quizás el inicio del proceso de perdonar cueste, la percepción que tienes de esa persona no es la misma que antes del conflicto, pero si perdonas, poco a poco vuelves a restablecer esa buena percepción, y de un modo “poético” recuperas el bienestar con esa persona.

Con esto no se pretende hacer una apología del perdón, ni mucho menos, lo que pretendo es explicaros que si decidimos perdonar a alguien, primero tenemos que tener claro que la persona vale la pena ese esfuerzo (porque es un esfuerzo emocional enorme), y segundo ser consecuentes con esa decisión que hemos tomado. De otro modo, si vemos que hemos dejado de confiar en esa persona por lo que nos ha hecho, si vemos que no vale la pena perdonarla, lo mejor es ser sinceros con nosotr@s mism@s y con esa persona y decidir terminar nuestras relaciones con ella.

Cuando una persona tiene un conflicto con alguien y no toma decisiones respecto a esta, es decir, no perdona a la persona pero tampoco rompe las relaciones con esta, es una carga emocional enorme. Muy grande, mucho más de lo que nos creemos. Tener una convivencia, una relación (de amistad, de pareja, familiar…) forzada (aunque sea por el contexto o circunstancias) con una persona con la cual hemos sufrido un conflicto, hace que nuestro estado emocional esté altamente afectado.

Multiplicamos por dos los sentimientos de decepción, de malestar con esa persona, de enfado, de dolor. ¿Por qué multiplicamos por dos esos sentimientos? Pues muy sencillo, porque además de estar enfadados, molestos, dolidos, decepcionados y un largo etcétera con esa persona, también lo estamos con nosotr@s mism@s (de un modo menos consciente pero es así), porque nos vemos incapaces de superar esa carga emocional.

El acto de perdonar significa quitarse una mochila, un peso de encima muy grande. Posiblemente sea una de las decisiones más beneficiosas para nuestro estado emocional. Descargas una cantidad enorme de sentimientos que juegan en nuestra contra y que están en nuestro subconsciente día a día aunque no nos demos cuenta.

Es una liberación, ya nadie te debe nada, ni debes nada a nadie. No estás dolid@, no tienes rencor. Y no… no es ser vulnerable ni ser menos que la persona a la cual perdonamos, de hecho, saber perdonar dice mucho de nosotr@s mism@s. Las personas que son realmente hábiles y fuertes emocionalmente saben perdonar.

Muchas personas utilizan el recuerdo del que hablábamos anteriormente (ese pensamiento que vuelve a venir constantemente a nuestra cabeza de lo mal que lo hizo esa persona con nosotr@s) para no volver a aferrarse a esa persona; como herramienta que utilizar para no volver a “caer” en el error de volver a relacionarse con esa persona que tanto daño nos hizo en su momento. De nuevo, incurrimos en un error. Podemos decidir romper relaciones con esa persona porque lo que nos hizo, nos hizo mucho daño o chocó de un modo muy grande con nuestros principios como personas, pero si mantenemos ese sentimiento de rencor, lo único que estamos haciendo es alargar nuestro malestar emocional. Sigues enfadad@ con alguien que ya no pertenece a tu vida ¿De qué sirve eso? Os lo diré… sirve para dejar de creer en las personas, para alimentar una personalidad introvertida, para que nos cueste crear nuevos lazos con personas. También para seguir manteniendo ese dolor, un dolor que quema por dentro, que nos entristece y no nos deja liberarnos. Si seguimos enfadad@s con alguien, ese alguien nunca se irá de nuestra mente, de nuestras vidas.

Otro de los errores más comunes a la hora de perdonar es perdonar a cambio de castigo. Es decir, que tú perdonas a esa persona a cambio de que esta “purgue” o pase por un periodo de dolor mientras tú estás perdonándola. Eso, realmente no es justo. Cualquier persona tiene el derecho a equivocarse, cualquier persona puede tener un error. Eres tú quien decide si ese error es perdonable o no, pero no se tiene ningún derecho a castigar a alguien por ello. En todo caso, si ese error no es perdonable, tienes que dejar de relacionarte con ella, no castigarla.

Como podéis ver, el acto de perdonar es una de las decisiones más importantes que podemos tomar los seres humanos, y de las más difíciles de realizar, pero a cambio, es una de las que más beneficios nos aporta.

No se perdona para la otra persona, el acto de perdonar se ha de realizar como una decisión inteligente que tenemos con nosotr@s mism@s, como una decisión que formara parte de nuestra vida, porque somos lo suficientemente independientes como para decidir si queremos que esa persona siga formando parte de nuestra vida o no.

Perdonarse a un@ mism@

Tan importante o más que perdonar a los demás es saber perdonarse a un@ mism@.

Todo el mundo tiene errores. TODO EL MUNDO. Nadie es perfecto, y por lo tanto, al ser humanos y relacionarnos constantemente con personas, podemos tener errores con ell@s. Lo importante es no volver a repetirlos una vez los hemos hecho, o al menos no repetirlos de un modo sistemático (o lo que es lo mismo, repetir siempre el mismo error).

Cuando erramos, tenemos dos opciones. La primera es castigarnos constantemente por ello, presionándonos de un modo irracional y haciendo que nuestra propia percepción se vea afectada, y por consiguiente nuestra autoestima. Por otro lado está la decisión más inteligente: aprender de nuestros errores y ponerle solución.

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No existe ninguna regla universal que nos diga que podemos equivocarnos un número determinado de veces en lo mismo, pero sí que podemos darnos cuenta de nuestros puntos débiles y actuar al respecto.

Tenemos que aprender a vivir con la imperfección de nuestros actos, tenemos que aprender que cada actuación trae consecuencias, y tenemos que saber que a veces tendremos errores que serán perdonados por terceras personas, y a veces no nos perdonarán.

Si vemos que somos una persona que constantemente caemos en el mismo error, por ejemplo: somos una persona que tendemos a empezar a trabajar en un proyecto 2 días antes del plazo de entrega, y lo hacemos de un modo rápido y con una eficacia mucho menor a la que realmente podríamos llegar.

En este caso, o en cualquier otro error, deberíamos (primero de todo) conocernos a nosotr@s mism@s, identificar nuestro fallo, y actuar respecto a él. En el caso que no pudiésemos subsanar ese punto débil, tendríamos que buscar ayuda de terceras personas para poder, al menos, intentar solucionarlo. De este modo, identificas tus errores, luchas por solucionarlos y muy posiblemente adquieras unas habilidades nuevas que te hagan ser mejor, más hábil.

El peor de los errores es no saber que los tienes, o no querer ponerles solución. En cambio, si tienes la capacidad de identificarlos y la fuerza de voluntad para ponerles solución, tu evolución personal será enorme.

Si no te perdonas a ti mism@, puede ser que tengas un exceso de perfeccionismo, puede que tengas una baja autoestima, y esos sentimientos de los que hablábamos al principio del post (decepción, tristeza, rencor, dolor…) los sentirás hacia tu propia persona. Desde luego ese coctel de sentimientos negativos hacia ti, son muy peligrosos. Si aprendes a perdonarte, el peso emocional que cargas, se irá, y tu calidad de vida se incrementará de un modo espectacular.

¿Y tú? ¿Sabes perdonar? ¿Sabes perdonarte? ¡Déjame tus impresiones, preguntas o experiencias en los comentarios y te responderé!

Un saludo enorme familia.

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