Rupturas amorosas. Una visión real y objetiva sobre ese sufrimiento emocional.

¿Cuánt@s de vosotr@s habéis terminado una relación sentimental con alguien en algún momento de vuestra vida? ¿Cuánt@s de vosotr@s habéis sufrido por esa relación, tanto en el desarrollo como en el final de ésta?

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Pondría la mano en el fuego y no me equivocaría si dijese que tod@s l@s personas que entréis a visitar este post habéis sufrido una separación o ruptura sentimental. Pensad que la tasa de divorcio en España se sitúa alrededor del 61% de los matrimonios. Esto significa que existen más parejas que deciden romper la relación que parejas que finalmente tienen un desenlace juntos. A esto, hay que añadir que este dato se centra exclusivamente en los divorcios y no en separaciones ni nulidades, lo que podría hacer aumentar ese dato hasta el 70% (o más) de las parejas. Por no hablar de las relaciones que no llegan a matrimonio y se disuelven.

Todos estos datos estadísticos (sacados del INE) refuerzan la idea que las rupturas sentimentales están a la orden del día.

Además de ello, y aunque el INE no lo recoja en sus datos, como terapeuta conozco muchos casos de matrimonios y parejas que conviven juntas sin ser felices, ya sea por parte de uno de los miembros de ésta o por los dos. Podríamos estar hablando entonces de un increíble 80%. ¡El 80% de las parejas rompen o ya no comparten lazos sentimentales que les hagan ser felices! (este dato no es oficial, pero no creo que se distancie mucho de la realidad). ¿No os parece increíble? A mí desde luego… NO. Es mucho más común de lo que os creéis.

¿Queréis un dato más? Pensad que cada 5 minutos, en España se divorcia un matrimonio…

La intención de esta lluvia de datos es haceros ver que, aunque estéis pasando o hayáis pasado por una situación tan dolorosa como es la ruptura de una relación amorosa, no eres tan especial como te crees… De hecho, formas parte de la mayoría de la población.

Cuando vas a comprar al supermercado, cuando sales a la calle, piensa que mínimo 6 o 7 de cada 10 personas con las que te cruzas están viviendo o han vivido esa situación que a ti ahora te parece imposible de superar. ¿Cómo ves a esas personas? ¿Destrozadas? ¿Felices? Bien… mucha gente, cuando pasa por procesos dolorosos suele fijar su atención en el resto del mundo: “la gente es feliz y yo no”, “qué suerte tiene esa pareja de quererse y yo lo acabo de de dejar con mi pareja y lo estoy pasando fatal…”. Realmente da igual cómo crees que se sienten esas personas, no tenemos ni idea de su situación real y lo importante es aprender a gestionar ese dolor emocional que nos crea una ruptura sentimental.

¿Por qué duele tanto la ruptura de una relación?

Estoy cansado (y seguro que much@s de vosotr@s también) de esas respuestas románticas surgidas de una cultura de romanticismo barato: “l@ amaba con locura, era mi vida, y no soy nada sin él/ella”, “él/ella era mi felicidad, sin su amor no puedo vivir”, “lo era todo para mí”. ¡Basta! Para películas de domingo por la tarde esas frases son muy bonitas, pero no os las creáis por favor, porque lo único que hacen es alimentar el apartado más irracional de nuestro cerebro y hacernos caer en situaciones muy adversas (tales como depresiones, dependencias a sustancias por tal de tapar esos dolores, dependencias emocionales hacia otras personas, ira, dolor, frustración, etc…).

¿Queréis saber qué es lo que realmente ocurre y por que duele una ruptura sentimental?

Si es así, seguid leyendo, si por el contrario queréis seguir “disfrutando” de ese victimismo producido por un falso romanticismo, y que tiene tantas implicaciones negativas, abandonad la página.

Damas y caballeros, os presento una frase dura, pero real: El amor es una DROGA.

De acuerdo… os pensáis que realmente me he vuelto loco a estas alturas, pero dejadme que os explique.

Cuando estamos disfrutando de una vida en pareja en la que todo va bien (los dos os amáis, os respetáis y la relación es sana y buena para los intereses de ambos), las sensaciones que nos genera en nuestro cerebro son igual o más fuertes que las que nos ofrecen determinadas drogas. Por ejemplo, cuando estamos con la persona que queremos, generamos dopamina, serotonina y oxitocina, que son las hormonas encargadas de la felicidad, el bienestar y la seguridad (tranquilidad, calma). Por eso, cuando estamos en pareja nos sentimos más felices, más segur@s, más activ@s, más excitad@s… Básicamente lo que implica estar enamorados de alguien y ser correspondid@s.

De hecho, podemos ver como el amor realmente es una droga en el siguiente ejemplo. Cuando una persona empieza a consumir cualquier tipo de droga, las dosis iniciales suelen ser pequeñas cantidades, ya que el efecto que les produce suele ser suficiente como para hacerles alcanzar esa sensación de bienestar. A medida que la persona sigue consumiendo esa droga, necesita más cantidad de ésta para que los efectos sean los mismos que al principio, ya que su organismo (su cerebro) ha llegado a un punto de “habituación”, o lo que es lo mismo, se ha acostumbrado a esas dosis y las tolera muchísimo más, con lo que las respuestas emocionales (felicidad, excitación, etc…) se ven disminuidas con la misma cantidad de la sustancia. Así, una persona alcohólica, al principio tiene suficiente con 3 cervezas, pero con el paso de los años, necesita triplicar esa cantidad para sentir lo mismo.

Con el amor pasa exactamente lo mismo. Cuando inicias una relación, cualquier cosa nos parece maravillosa. Cualquier plan, cualquier beso, cualquier palabra bonita de esa persona a la que quieres es suficiente para hacerte sentir en una nube. Con el paso del tiempo, nuestro cerebro llega al mismo estado de habituación que las drogas. Los besos no tienen el mismo poder que al principio, el salir a dar una vuelta con esa persona ya no adquiere ese carisma tan especial que tenía al principio de la relación. ¿Estáis de acuerdo?  Ponedlo en los comentarios si estáis o no de acuerdo.

Cuando esas reacciones químicas se reducen, hay mucha gente que lo interpreta como que el amor se ha terminado, por eso muchas veces lo que se ha de realizar es un cambio de rutinas en la pareja para que esas hormonas sigan siendo lo suficientemente gratificantes para mantener la sensación de enamoramiento en unos niveles correctos para ambos (cosa que se trabaja en el coaching en terapia de pareja, por cierto).

De acuerdo con esto, cuando una relación se termina y tú no eres la persona que lo ha decidido, suele ocurrir un efecto muy parecido al síndrome de abstinencia que tienen los drogadictos. Suena raro, pero se pasa el “mono”.

Tu cerebro está acostumbrado a recibir una dosis diaria de estas sustancias: dopamina, oxitocina, y serotonina. De repente, al terminarse la relación, esas sustancias dejan de ser segregadas por nuestro cerebro, ya que la “fuente” de la que emanaban estas hormonas encargadas de la felicidad, el bienestar y la seguridad las hemos focalizado a lo largo de la relación con esa persona a la que acabamos de perder. En esta última frase es donde reside el problema, y creedme cuando os digo que un porcentaje ENORME de los problemas emocionales de la población están relacionados con esa focalización de nuestra felicidad hacia la persona con la que estamos conviviendo.

Los humanos somos química pura, cuando estamos bien es debido a que nuestros depósitos de serotonina están correctamente, cuando estamos activos es porque la adrenalina se ha disparado, cuando tenemos miedo el cortisol corre por nuestra sangre, cuando estamos tristes es porque la serotonina no es suficiente. El control de esa segregación de las sustancias recae en nuestro modo de pensar y de actuar, de nuestra educación emocional (y también de parámetros genéticos), pero que pueden modificarse en terapia.

Resulta lógico que, si le damos el “poder” de ser felices a una persona ajena a nosotr@s, el día que ésta falte, caigamos en la más absoluta de las tristezas. Si le damos el poder de ser activ@s, cuando ésta falte, seremos totalmente pasiv@s y no saldremos de casa (nos hundiremos). Esto es lo que ocurre cuando una persona le “regala” su control emocional a otra, y a esto le llamamos dependencia emocional.

Con toda esta información, lo que quiero haceros ver es que al terminar la relación y empezar el proceso de duelo, de algún modo no estás echando de menos a esa persona, sino las dosis de hormonas que te producía esa persona. Echas de menos tu bienestar (un bienestar que no tendría que depender de esa persona, sino de muchos otros factores). Empiezas el proceso del “mono” o síndrome de abstinencia al rebajar sustancialmente esas dosis.

¿Cómo puedo evitar en un futuro no pasarlo tan mal en una “posible” ruptura?

Hemos dicho anteriormente que las rupturas sentimentales están a la orden del día, y por lo tanto, no resultaría descabellado que estando actualmente en una relación (aunque sea sana hoy en día), llegue un momento en el que esa unión sentimental se termine. Aunque actualmente no estés en ninguna relación, esta información también te puede interesar, ya que, nadie sabe que deparará el futuro, y quizás puedas iniciar una nueva etapa con otra persona.

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Siento comunicaros que el dolor de una ruptura es inevitable. Si la relación ha sido sana, no ha sido dependiente emocionalmente y se han creado muchos lazos y vivencias, es normal pasar un “duelo”. De hecho, científicamente está demostrado que la ruptura de una relación sentimental es igual de dolorosa que la muerte de un familiar.

El problema entonces no está en ese sufrimiento “normal o natural” de la pérdida de la persona querida, sino en el modo en el que gestionas ese sufrimiento o dolor emocional.

Existen muchísimas investigaciones sobre el tiempo que tarda en recuperarse una persona tras una ruptura sentimental. He escuchado y leído autenticas barbaridades como por ejemplo que se requiere la mitad del tiempo para superar la ruptura si cogemos el tiempo que hemos estado con esa persona. Según esta teoría, una persona que se ha separado de su pareja con la que ha estado durante 10 años, necesitaría 5 años de duelo emocional para recuperarse, o una que ha estado 50 años necesitaría 25.

El tiempo de duelo, depende de muchos factores, como la personalidad del afectado/a, el grado de dependencia, etc… Pero sobretodo de la disponibilidad de herramientas necesarias para salir del problema (muchísima gente se queda estancada en la ruptura y no se ve capaz de seguir adelante, con lo que se requiere una ayuda profesional para poder hacerlo, y no es ningún síntoma de debilidad o de vergüenza).

Me gustaría al menos daros algunos consejos para que en el momento en el que os veáis envueltos en una situación difícil como ésta, podáis tener una base emocional imprescindible para poder superar este “duelo”.

  • Por un lado, y como hemos mencionado anteriormente, bajo ningún concepto se debería darle el “poder” a esa persona de vuestra felicidad. Una relación sana se basa en compartir buenos momentos, ser felices ambos, pero no necesitar a esa persona para serlo. Las relaciones más sanas suelen compartir la vida con sus parejas, recorrer el camino juntos, pero no revueltos, es decir, el poder de ser feliz recae única y exclusivamente en ti mism@. Si esa persona se va de tu vida en algún momento, obviamente lo pasarás mal, pero el 100% de tu bienestar y tu felicidad no se irá con ella.

  • ¿Cómo puedo hacer que mi felicidad no se vaya con esa persona? Creando otros lazos a parte de con esa persona. Para ser felices, no solo necesitamos a nuestra pareja. Necesitamos un entorno de amistades sólido, que también participe en nuestra felicidad, en nuestro bienestar diario. Nuestra familia también es un buen pilar en el que nos podemos apoyar para ser felices… pero sobre todo, en nosotr@s mism@s. ¿Qué te hace feliz? ¿Te gusta el cine, te gusta salir a pasear, te gusta leer, te gusta el fútbol, te gusta bailar, te gusta ayudar a las demás personas? Cultiva todos esos aspectos de tu vida, crea una vida  aparte de tu pareja. Así, si llega el momento de separarse, esa persona no se llevara toda tu vida, sino que solamente se llevará un pedacito de ella.

  • Trabaja en tu autoestima. Si tú te quieres, no necesitas que nadie lo haga por ti. Cuídate físicamente, haz deporte, date caprichos, porque nadie más que tú sabe lo que necesitas en ese momento. Al fin y al cabo, te lo mereces, ¿no?

  • Ten paciencia. Ten mucha paciencia. Ya sé que al principio todo es negro. De hecho, muchas veces es tan negro que nos impide ver lo que hay más allá de la oscuridad. Pero el tiempo SIEMPRE lo pone todo en su lugar, siempre y cuando caminemos por ese túnel oscuro hasta encontrar la salida, donde está la luz de nuevo. Así que, no dejes de hacer cosas, de ampliar tus círculos sociales, de recuperar tus hobbies y las cosas que te gustaban.

 

En definitiva, y para cerrar este post, podemos hacer un pequeño resumen de lo que hemos hablado.

Hemos visto como una de las causas principales del dolor emocional que sentimos cuando sufrimos una ruptura es causada por la cantidad de “derechos y privilegios” que le damos a nuestra pareja. Ésta tiene el poder de hacernos segregar las sustancias más importantes para nuestro bienestar como son la serotonina, la oxitocina y la dopamina.

Para poder superar una ruptura de un modo más o menos rápido, tenemos que encontrar otras actividades, otro entorno, otro modo de pensar que haga que esas sustancias las vayamos recuperando sin tener que acudir a esa persona que antaño nos las producía. Al principio costará. Es como pedir a un fumador que deje el tabaco y lo sustituya por caramelos. Obviamente al principio de todo, estos caramelos no le saciarán, pero poco a poco y no solo gracias a los caramelos, sino a que empezó a ir al gimnasio, empezó a quedar más con sus amistades, retomó sus hobbies, etc… hicieron que el tabaco fuese cosa de su pasado y hoy en día solo sea un recuerdo del pasado.

Si te encuentras en una situación de estancamiento emocional (llevas tiempo sufriendo por esa ruptura o no te ves con las herramientas suficientes para dejar atrás todo el proceso de duelo), puedo ayudarte a través de terapia emocional. Al fin y al cabo, se trata de poner las herramientas adecuadas a tu situación, y con el paso del tiempo ese dolor desaparecerá, y verás que la fuente de tu felicidad recaerá única y exclusivamente en ti, que de eso es de lo que se trata.

Si tenéis alguna duda, algún comentario que agregar o simplemente queréis dar vuestra opinión, justo debajo de este texto encontraréis el apartado de comentarios, donde estaré encantado de leer vuestras opiniones.

Espero que os haya resultado interesante el tema.

¡Un saludo familia!

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