La importancia de caer en el pozo más profundo

Bendita la ostia que nos brinda la vida a tiempo. Bendito el momento en el que caemos en lo más profundo del pozo para hacernos sentir el peor de los dolores y los horrores. Agradeced el momento en el que ya no podáis más con vuestras circunstancias y vuestros estilos de vida, porque ése será el momento en el que empezarás a buscar ser tú mism@.

Desde el momento en el que salimos de nuestras madres estamos condenados. Condenados a vivir una vida lo más alejada de nuestra esencia, de nuestras libertades, de nuestros propósitos más personales. La sociedad te educa para ser un miembro productivo de la sociedad, para que trabajes durante mínimo 8 horas al día y lo que hayas ganado con ese enorme trozo de tiempo de tu vida lo gastes en consumir, en ser una parte más del rebaño, en un número de cuenta más que agranda los proyectos de muy pocos.

Desde que nacemos se nos inculcan unas leyes que bajo ningún concepto se deben quebrantar: “Sé obediente. Estudia. Trabaja. Gana un buen sueldo. Cásate. Ten hijos. Cómprate un piso. Cómprate un móvil. Sé el mejor en tu trabajo. Y un larguísimo etcétera.”

¿Qué pasa si os digo que cuestionéis ahora todas estas leyes? Algun@s pensaréis que estoy loco, que esto es lo correcto, que para vivir una vida plena y acorde con lo que se ha de hacer se necesita trabajar, se necesita vivir en pareja, se necesita tener descendencia y se necesita cumplir las leyes. Bueno… ¿Os habéis preguntado alguna vez en vuestro interior si esto que nos han obligado a hacer es lo que realmente queremos hacer?

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Por supuesto existe gente que ha ejercido el derecho de ser libres. Conozco casos de personas que un día decidieron cuestionar todo lo que “creían ser” para llegar a construir lo que realmente eran. A esas personas la sociedad las suele tachar de locas. De hecho, formamos parte de una sociedad tan edulcorada que a las personas que quieren cuestionar su modo de vida se les ve como rar@s, y a los que realmente lo han conseguido se les conocen como loc@s.

Si no me creéis, pensad en la mayoría de las personas que tienden a ridiculizar o oponerse a los procesos de autoconocimiento y desarrollo personal, los cuales están pensados para cambiar la mentalidad con la que hemos convivido toda nuestra vida. Estas personas lo hacen porque esa actitud implica dar el primer pasado hacia una de las decisiones más difíciles de la vida: cuestionarnos a nosotros mismos, al sistema de creencias con el que hemos crecido y convivido hasta ahora y que ha creado nuestra identidad (lo que creemos que somos). Es más fácil reírse del proceso de cambio que cambiar.

Así, la mayoría de nosotros vivimos como a mí me gusta decir en una velocidad de crucero. A los 3 años nos apuntan a la guardería, y hasta los 18 no salimos a la etapa universitaria, donde hemos de decidir qué es lo que queremos hacer con nuestra vida. Lo mejor de todo esto, es que durante esos 15 años de un más que cuestionable aprendizaje (en el que nos enseñan única y exclusivamente a formar parte del rebaño consumista y a ser una pieza más del ajedrez) no nos han enseñado lo más básico: a saber quiénes somos y que queremos. A potenciar nuestras habilidades y a exprimir lo mejor de nosotros. Eso no interesa.   

Pero está bien, sigamos desarrollando el camino de nuestra vida. Una vez te decides por una carrera universitaria, por un ciclo formativo o por salir al mundo laboral (si tienes suerte de encontrar un trabajo que te permita vivir), empiezas con tu etapa adulta.

Los años van pasando, y un gran porcentaje de la población “sobrevive” con un mísero sueldo que al menos le permite comprarse cuatro prendas de ropa que están de moda, cosa que les hace felices (o al menos, momentáneamente). A veces hay suerte y te topas con alguien que merece la pena, y a veces, tras tu frustración de llevar una vida que no quieres, te acercas a alguien con las mismas inquietudes personales que tú, es decir, ninguna. Recordad que seguimos en la velocidad de crucero.

Así, la vida va sucediendo, ya que cabe recalcar que el tiempo no se detiene, es inexorable. Da igual que no estés viviendo una vida plena y acorde con tus expectativas más puras; eso al tiempo y al universo le da igual… somos mucho más insignificantes que una mota de polvo para ellos.

Si tienes suerte, tras este estilo de vida, llegará un momento en el que caerás en un pozo. Al fin y al cabo llevas años y años de tu vida en una infelicidad enterrada tras un montón de tópicos y estereotipos sociales que han permitido que vayas prosiguiendo el camino de la vida. El efecto placebo de la sociedad.

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Como he dicho, y si tienes suerte, llegará un día que tu propia esencia se revelará. La pobre lleva enterrada allí desde el día que te apuntaron a la guardería. Puede que tengas 20 años cuando ocurra esa epifanía, puede que tengas 50 o puede que nunca llegue ese día (lo lamento por ti).

Puede que surja en forma de depresión, puede que surja en forma de enfermedad grave (como un cáncer), puede que surja en forma de ansiedad, puede incluso que surja en forma de alcoholismo u otras formas de adicciones. Todas ellas son alarmas desesperadas de nuestro cuerpo y nuestra mente para que dejemos de hacer caso de la moral impuesta por la sociedad, y empecemos a ser fieles a nuestros ideales, a nuestras formas más puras de ser.

Pero siendo fiel a la idiosincrasia de este post, AGRADECED esa depresión, agradeced ese cáncer, agradeced esa ansiedad o esa circunstancia que os haga parar en seco, dejar de llevar esa velocidad de crucero, apagar los motores para volver a arrancarlos. Para “renacer” de algún modo siendo una persona totalmente diferente, una persona que se acerque mucho más a lo que eres. A lo que necesitas.

Por desgracia el ser humano actual cambia a base de “ostias”. Ninguna persona hace un cambio de 180 grados en su vida si no es porque la situación en la que vive se vuelve insostenible. Si no es por ese pozo, no cogeríamos otro camino.

Existen personas que tras caer no tienen fuerza suficiente para salir de ello, cosa que implica la ayuda de especialistas, y quizás un poco más de tiempo para comprender que esas durísimas etapas de la vida aparecen con un claro propósito. Para que CAMBIES.

No quiero que se me malinterprete y se extraigan conclusiones erróneas. No todas las depresiones vienen dadas por la necesidad de cambio, no todas las enfermedades graves vienen dadas por no ser quien realmente eres, ni la ansiedad o adicciones, pero como terapeuta, hay muchísimos casos en los que te das cuenta que tras ese estado de sufrimiento y dolor emocional o físico, se esconde un miedo al cambio enorme.

De hecho, ese es el problema principal de los humanos: el miedo al cambio. Las tradiciones, las convicciones, las leyes no escritas con las que hemos crecido, hemos convivido y en muchos de los casos, hemos promulgado con ellas, las hemos hecho tan nuestras que son muy complicadas de cambiar. Es como si de repente le dijeses a un delfín que su sitio no está en el agua. Resultaría incluso estúpido el hecho de proponerlo tan siquiera.

Las raíces sociales, las construcciones éticas y “lo que debemos hacer” son tan fuertes, que requieren de un ejercicio titánico de valentía para darles la vuelta. Pensad sino en vuestros objetivos vitales. Estoy seguro que deben existir unos juicios enormes dentro de vuestra mente entre lo que creéis que queréis y lo que realmente queréis y no está aceptado por la sociedad.

Estuve una vez con una persona que quería viajar, que quería conocer mundo, pero no había salido más que un par de veces de España. Le pregunté qué porqué no lo hacía. Al fin y al cabo, ahorrar un par o tres de meses le podría hacer vivir un año fuera viajando por África (que era donde quería ir). Tras mi propuesta empezó a excusarse en miles de problemas: el miedo a que no fuese bien, no quería dejar a la familia aquí porque “no estaba bien hacer eso”, no tendría dinero suficiente para hacerlo, incluso podrían despedirle del trabajo (un trabajo que por cierto odiaba).

Tras esto, le pregunté que dejase de pensar en África, que se dedicase a vivir aquí el resto de su vida, y a ser posible que no dejase nunca ese trabajo, ya que aunque lo odiaba, al menos le daba una cantidad de dinero suficiente como para compartir piso en Barcelona con otras 3 personas. Era un afortunado. Se enfadó conmigo. De hecho, se enfadó bastante y dejó de verme durante un par de meses.

Un día recibí un correo suyo pidiéndome disculpas y diciéndome que había llegado a un acuerdo con la empresa para dejar el trabajo a cambio de una indemnización y que ese correo me lo había enviado desde Mauritania (África), y que me lo agradecería siempre, ya que fueron mis palabras finales las que le hicieron ver que la persona que se estaba boicoteando era él mismo.

Con el ejemplo que os he expuesto quería ofreceros los “problemas” o las causas principales a la hora de temer hacer un cambio en vuestras vidas.

El primero de todos es el MIEDO. Cuanta mayor es la inseguridad que sufrimos, más paralizados estamos, más pequeña se hace nuestra zona de confort y a la vez más frustrados nos sentimos, ya que, aunque el miedo nos haga pequeños, nuestros sueños siguen siendo igual de grandes.

La sociedad se encarga de instalarnos ese miedo. Es tan sencillo como leer las noticias en los periódicos o verlas en la televisión. Nos bombardean con noticias negativas y pesimistas con el objetivo de hacernos temerosos y obedientes. Que nadie se vaya a África, ya que el mundo está lleno de peligros, por favor…

Tras esa máscara de miedo aparece el autoboicot y autoengaño. Nosotros mismos nos hemos creído las dificultades de ser libres que nos vende la sociedad, y a través de ello, nuestro subconsciente se transforma en una especie de sargento de hierro que promueve la seguridad ante todo. No seremos capaces de sobrevivir ahí fuera. Es mejor lo malo conocido que lo “peor” por conocer. ¿Cómo voy a dejar mi empleo si hoy en día es imposible encontrar trabajo? ¿Qué hago con 30 años viviendo con mis padres y sin pareja? ¿Cuándo voy a tener hij@s? No voy a poder viajar porque el tiempo se me echa encima, y tengo proyectos más importantes en mi vida.

¿Realmente es así? ¿O es una moral impuesta?

Tras esta etapa, llega la más peligrosa de todas, conocida en psicología como la resignación.

Mucha gente, tras años de miedo, autoengaños y autoboicot deciden resignarse a una vida que deja mucho que desear para ell@s mism@s. Esta resignación es causante de muchos males. De una falta real de felicidad, de una construcción social de pacotilla, de caretas, de poner buena cara al mal tiempo.

Tras explicar todo esto, no quiero que penséis que mi idea o mi objetivo es que analicéis vuestra vida y os deis cuenta que no estáis haciendo nada que queráis y que todo lo que os acontece es debido al arquetipo de personalidad que ha creado la sociedad, ni mucho menos. De hecho, muchas de las facetas que cultivamos en nuestra vida tienen unos cimientos sanos, que provienen de decisiones personales tomadas por nuestro “yo”, como pueden ser los hobbies, algunas personas con suerte se dedican a lo que siempre han querido, sus amistades, sus parejas, etc… Pero existe un porcentaje muy alto de la población que convive en muchos aspectos de su vida con imposiciones sin que ésta persona lo sepa. Al menos, sin tener una constancia clara de ello, y resulta muy beneficioso realizar un ejercicio de autoconocimiento para conectar con tus necesidades reales y así poder, al menos, tomar la decisión de si quieres seguir con la vida que llevas actualmente, o tener la valentía suficiente como para cambiar y dirigirte al punto al que quieres.

Existe tanta confusión a la hora de saber lo que uno realmente quiere, que requiere un esfuerzo profundo, y a veces una ayuda de profesionales a través por ejemplo de un ejercicio de eneagramas, que se realiza en terapia, y que recomiendo encarecidamente.

Si queréis hacer un cambio en vuestras vidas, si queréis encontrar un objetivo que os llene, poneos en contacto conmigo y estaré encantado de poder ayudaros en este objetivo tan primordial; el de ser un@ mism@, cosa que se acerca enormemente a la felicidad.

Dejad vuestras impresiones y comentarios aquí abajo y os responderé encantado. Y si os ha gustado el tema, no dudéis en compartirlo con vuestra gente.

¡Un abrazo muy grande familia!

1 comentario en “La importancia de caer en el pozo más profundo”

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