La actitud lo es todo

Nadie… absolutamente nadie en esta vida tiene el “don” o el privilegio de decidir qué es lo que le va a ocurrir en el transcurso de su vida. Nadie puede tomar la decisión de no enfermar, de no padecer la muerte de un ser querido, de que nunca le vayan a decepcionar, de no tener que sufrir penurias económicas, de sufrir un desamor, etc…

La vida está compuesta por grandes momentos de sufrimiento para los humanos. Existen madres y padres que han perdido a sus hijos, mujeres que han sufrido maltrato por parte de sus parejas, personas que han sufrido una larga y dolorosa enfermedad. A ninguna de esas personas se les ha propuesto la decisión de si querían pasar por esas circunstancias o no. Si hubiesen podido hacerlo, estoy seguro que habrían puesto la X en el recuadro de “no sufrir”.

Ahora bien, también toca desdramatizar un poco, que en la vida no todo es malo. El problema es que nuestro cerebro está diseñado y educado para focalizarse exclusivamente en lo negativo, con el objetivo de luchar contra ello para que nos haga el menor daño posible. De algún modo, nuestro cerebro es un arma de doble filo ya que es el único responsable directo de velar por nuestra seguridad, haciéndonos focalizar nuestra atención y por lo tanto nuestras fuerzas en las posibles contingencias negativas que nos puedan ocurrir.

Existe quien, por naturaleza, tiende a ser de un modo positivo. Cuando se le presentan retos en la vida, genera de forma espontánea una serie de estrategias y pensamientos encaminados a reconocer sus propias capacidades, a auto convencerse que podrá con esa situación, y a dar el paso de empezar un plan de acción que le permita ir afrontando poco a poco ese hecho. Pero desafortunadamente, ese tipo de personas son más bien pocas. De hecho, la gran mayoría de personas tendemos a avanzar todos los aspectos negativos que pueden surgir de un acontecimiento negativo. ¿Podré superar la entrevista de trabajo y no hacer el ridículo? ¿Si voy al médico me dirá que estoy sano y que lo que me sucede no es nada grave? ¿Si decido terminar esta relación, seré capaz de salir adelante solo/a? ¿Es realmente esto lo que quiero estudiar?

 

Este tipo de cuestiones se nos plantean en la vida en algún momento y como hemos mencionado anteriormente, ante esta dicotomía puedes plantearte actuar de un modo o de otro. Está claro que si eres una persona que se fija más en los aspectos negativos, te costará ver ese reto como algo factible, como un proyecto por el cual vale la pena arriesgarse, al fin y al cabo, tu naturaleza es esa. Si por el contrario eres una persona positiva, con confianza en ti mism@, no te costará lanzarte a por esos retos.

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Muchas veces el problema es que nos centramos más en las aptitudes que creemos que necesitamos para afrontar esos retos que en las actitudes que tomamos en ellos.

La aptitud es el conocimiento, capacidad y habilidades que tiene una persona para desarrollar sus actividades. Una persona con aptitudes artísticas tendrá una facilidad natural o aprendida con el paso del tiempo para saber pintar, esculpir o realizar cualquier obra de arte, por ejemplo. Una persona con aptitudes en el ejercicio de la lógica tendrá mucha facilidad i habilidad en ciencias como las matemáticas.

No hace falta decir que las aptitudes ayudan mucho a solucionar determinadas situaciones, pero realmente, lejos de lo que piensa mucha gente, no son lo más importante. ¿Cuántas personas con unas aptitudes enormes no han llegado a triunfar porque su actitud ha sido pésima? En cambio, muchas personas con no demasiadas aptitudes, pero con una actitud fuerte, valiente, decidida, positiva, han tenido mucho éxito.

La actitud en cambio se basa en la forma de actuar de una persona y la voluntad o la fuerza para encarar las actividades o retos de la vida. Esta actitud viene determinada por el carácter de la persona como hemos mencionado anteriormente. Por su estado emocional, por su autoestima o la situación en la que se encuentra en un momento determinado de su vida. No todas las personas tienen la misma actitud durante toda su vida, sino que ésta oscila dependiendo de su situación actual.

En este post, me gustaría explicar la importancia de la actitud en nuestra vida diaria. Es muchísimo más importante de lo que nos imaginamos. De hecho, la actitud con la que enfrentas tu día a día, determinará el resto de tu vida.

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Una persona que “vive” con una actitud derrotista o conformista (que se conforma con lo que tiene) aunque no sea lo que realmente quiere, en el fondo lo que está haciendo es dejarse arrastrar por la vida. Esa persona muchas veces se excusa y cede la carga de los errores que comete al “universo”: “Es lo que hay”, “si en el fondo no estoy mal, para qué voy a cambiar por algo que no sé si funcionará”, “mejor malo conocido que bueno por conocer”, etc…

Todo el mundo tiene necesidades, todo el mundo tiene objetivos, todo el mundo en el fondo sabe lo que quiere, pero el miedo a cambiar, a cambiar de actitud, a dejar los “¿y si hago esto y me equivoco?” hace que la misma mente genere excusas y problemáticas superficiales para mantenernos alejados del problema real, para evitar enfrentarnos al meta-problema (problema original, problema enquistado). Me refiero a esa persona que lleva 5 años trabajando en una empresa, sin perspectiva de cambio, con un sueldo que no es precisamente suficiente, pero por miedo a probar algo nuevo, (actitud temerosa) prefiere lo malo conocido que lo bueno por conocer. Me refiero a ese matrimonio que lleva 7 años conviviendo, y probablemente ya no encuentren la conexión o el amor con el que vivían. Muchas veces ese miedo hace que nos engañemos, para seguir en nuestra zona de confort, en lo que conocemos.

Evitar actuar por riesgo a equivocarse, en el fondo cierra puertas (no te deja encontrar algo mejor para ti), es un ancla que te estanca, que no te deja evolucionar.

La actitud también se puede observar en el día a día como mencionamos anteriormente. Imaginad que vais en el metro a las 8 de la mañana, en Barcelona. Los vagones están llenos de gente, y la mayoría va en su mundo interior (pensando en la reunión que tendrán de aquí a dos horas y que no les apetece nada aguantar al pesado de su jefe o su jefa), o ese que solamente rozarlo se enfada (posiblemente debido a su frustración personal).El metro actúa como un gran hermano, ya que ves el estado de la sociedad. Ves las actitudes de la sociedad actual, y la verdad… no son del todo halagüeñas. No encuentras a gente sonriendo, siendo felices porque van a trabajar (cuando en una vida plena y con una estabilidad emocional debería ser así). Rara es la situación en la que te cruzas con algún desconocido/a y te sonríe. Raro es ese momento, ¿Por qué? Porque vivimos en una sociedad con una actitud tóxica, derivada de frustraciones vitales.

Para que entendáis un poco mejor: A nadie le resulta agradable coger el coche por la mañana y verse dentro de un atasco monumental de 2h. Nadie en su sano juicio decidiría vivir esa situación por puro placer, pero por suerte o por desgracia vivimos en una sociedad en la que estas situaciones suceden a diario. Tienes dos opciones, dos actitudes, dos formas de entender la vida, dos formas de tratarte a ti mism@: Una es empezar a desesperarte y tocar el claxon, mientras tu ansiedad y frustración aumentan cada minuto, maldiciendo a los demás conductores, al alcalde/esa por el estado de la carretera, a tu vecino porque ayer hizo ruido por la noche y te costó dormirte, al trabajo que tienes porque está lejos de tu casa y a cuarenta mil cosas más.

Por otro lado, puedes entrenar tu capacidad de tener una actitud positiva. Puedes aprovechar ese colapso, ese atasco de tráfico para pensar en nuevos retos, nuevos objetivos, en un buen restaurante al que hace tiempo que no vas, en agradecer a tu compañera de trabajo que te ayude adelantando la faena ya que tú no podrás llegar antes. Puedes incluso subir el volumen de la radio y disfrutar de tu canción favorita, mientras el resto de coches siguen desesperados tocando el claxon.

Está claro, tú eres el responsable de tu actitud. Nadie nos ha enseñado que la actitud con la que te tomas las situaciones es clave para tu bienestar. No existe en el colegio una asignatura que se llame: Actitudes I, ni en la universidad.

Pero, ahora que lo sabes, ¿te parece bien si pones un poco más de atención a cómo nos tomamos las cosas en esta vida?

Está claro que muchas circunstancias son tremendamente complejas. Me puedes decir… Si claro, ¡yo me fijaré más en mi actitud, pero si me dicen que tengo una enfermedad me hundiré, o me hará sentirme muy mal!

Por supuesto, en casos difíciles es más complejo adquirir una actitud positiva, pero no es imposible. Existieron hasta no hace mucho personas que vivieron en primera persona lo que es estar afinado a un campo de concentración nazi (posiblemente el lugar que más se acerque al infierno en esta vida), y pese a haber vivido esa situación tuvieron la capacidad de “ser felices” en ese contexto.

Hubo un testimonio de ello (ahora no recuerdo el nombre) que dijo haber sido feliz en el campo de concentración simplemente proponiéndose retos diarios, agradeciendo a cada día al resto de sus compañeros del campo las pequeñas cosas que hacían por él y pensando siempre que llegaría un día en que todo eso tendría un final. Eso es una actitud envidiable. Eso nos tiene que hacer ver que el contexto puede ser “terrible” para muchos, pero tú a través de tus pensamientos y actitudes decides como quieres verlo.

Por lo tanto, si existen personas que pueden ser felices en contextos como esos, ¿Por qué tu no?

Hablaremos en otros posts de distintas actitudes: la positiva, la negativa, la tóxica, la temerosa, etc… Pero creo que una buena forma de conocerse es analizarse a un@ mism@, ver como solemos actuar frente a distintas situaciones y conocer nuestras actitudes cotidianas. Si estás content@ con ellas, realmente es un factor muy positivo; por lo contrario, si no te gusta cómo encaras las cosas, te doy una buena noticia: la actitud puede entrenarse, puedes aprender a cambiarla, a modificarla a través de la constancia.

Si quieres iniciar un cambio de actitud, puedes contactar conmigo: coachingemocionalbcn@gmail.com.

¡Dejad vuestras impresiones en los comentarios y un like si os ha gustado, siempre se agradece! Un abrazo enorme familia 😉

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