La dependencia emocional

Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que el hecho de sufrir por amor, por la pareja es algo normalizado.

En este post trataré de profundizar en un tema que ha aparecido en muchos de los anteriores, pero que no hemos terminado de desarrollar: la dependencia emocional.

Como decía anteriormente, vivimos en una sociedad en la que una gran mayoría de las personas aceptamos que convivir con una pareja, o formar parte de una representa tener que “aguantar” determinadas situaciones ya que es normal sufrir por amor. Pero, ¿Por qué permitimos ese sufrimiento en pareja y no somos capaces de terminar con esas relaciones, muchas veces tóxicas?

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Por supuesto no me refiero a determinados conflictos y broncas totalmente comprensibles y normales, como por ejemplo quién tiene que ir a buscar a los hijos al colegio o quién tiene que hacer la compra esa semana. Me estoy refiriendo a situaciones más complejas, en las que la base de una relación como puede ser la confianza o el respeto, o incluso el mismo sentimiento de amor, ya no se ejerce por parte de uno de los integrantes de la pareja, o por parte de ambos. Existen miles de relaciones de pareja que se encuentran en esa situación, y que no terminan con esa relación.

Cuando formas parte de una relación con dependencia emocional existen miles de consecuencias, como ansiedad (somatizada a través de dolores de estómago, dolores de cabeza, problemas del sueño, mareos, vértigos, tensión muscular, etc…), problemas de depresión (estado de ánimo bajo, falta de interés, dejas de hacer cosas que te gustan, etc…), problemas de autoestima, etc… Muchas veces somos conscientes que algo no va bien, pero nuestra mente dependiente trata de encubrir el verdadero problema mediante la estrategia de “tapar” el problema con otros problemas. Me explico. Cuando no somos capaces de aceptar que el origen de nuestro malestar tanto físico como psicológico proviene de la relación con nuestra pareja, intentamos “taparlo” excusándonos en otros: “En el trabajo estoy muy agobiad@”, “No tengo tiempo para mí”, “Estoy pasando una época difícil”, “El problema soy yo, que no sé lo que quiero”, y miles de excusas (tapaderas) más.

La educación que hemos recibido tanto de nuestros progenitores como de la misma sociedad es la del amor romántico. Quién no ha disfrutado de la típica película en la que los amantes sufren por amor, aguantan hasta el final de los días y finalmente acaban siendo felices y comiendo perdices… En el cine, está muy bien, en la vida real, desafortunadamente no hay nada más alejado de la realidad. Sin ir más lejos, en los votos de las bodas se pronuncia la famosa frase de: “hasta que la muerte nos separe”, como dando a entender que ese contrato que estás firmando en ese momento se prolongará hasta el final. ¿Quién en su sano juicio podría anticipar que des de hoy hasta el día de su muerte puede mantener unos sentimientos y unos “mínimos” para ser feliz y hacer feliz a una persona? Nadie… Seamos realistas.

Los seres humanos somos polivalentes, somos dinámicos, estamos en constante desarrollo y cambio. Puedes iniciar un proyecto de vida con una persona, con unas ideas y objetivos, con una pretensiones y al cabo del tiempo ambos hayáis evolucionado hacia distintos objetivos o metas. Ese amor que algún día os unió, puede que haya desaparecido. De hecho, es algo positivo ir fijándose en el transcurrir de la relación si vemos que algo no nos termina de encajar. ¿Tenemos o seguimos teniendo los mismos valores que nos unieron? ¿Nos aporta o nos sigue aportando ese bienestar, esa tranquilidad, esa paz? ¿Seguimos siendo felices?

Si la relación es sana, esas preguntas pueden incluso ser prescindibles, pero en el momento en el que empiezas a dudar, es que algo no funciona. No estoy diciendo que se tomen medidas a la primera de cambio, pero puede que la relación no sea tan positiva como creíamos. Igual es que la cosa ha cambiado, igual es que tú has cambiado, igual es que él/ella ha cambiado y ya no es esa persona que querías.

Tú empiezas una relación con esa persona que tanto te gusta. Normalmente, las primeras fases del enamoramiento son las que te hacen conocer a esa persona. Posiblemente necesites un año o dos para terminar de conocer a esa persona, para ver su cara A y su cara B. Todo el mundo tiene una personalidad compleja, y resulta obvio que cuando empiezas a conocer a alguien que te atrae, no vas a mostrar tus “cartas oscuras” desde el principio. Por eso se suele aconsejar que los primeros meses o incluso el primer año o un poco más, sea un año de “descubrimiento”, de conocer al cien por cien a esa persona. Si vemos que encajamos con él o ella, adelante, si vemos que empezamos a descifrar su modo de ser y no encaja con nosotr@s, tenemos que tener la madurez necesaria para decidir salir de esa relación.

El problema de esa dependencia, eso que nos aferra a seguir en un contexto en el que realmente no somos felices es el miedo a desprenderse de algo que ha formado parte de nuestra vida.

Por supuesto una relación se tiene que cuidar, es como una planta, si la riegas constantemente, a base de cariño, respeto, confianza, amor, sinceridad, altruismo, etc… la relación no tiene porqué romperse. Para nada estoy diciendo que no crea en el amor “eterno”. Sólo digo que existen muchísimas variables que pueden hacer que una relación que durante mucho tiempo ha funcionado, de repente no lo haga, y el problema es que no somos capaces de reconocerlo y desprendernos de ésta relación. Por cierto… cualquier relación dependiente es una relación altamente tóxica para ambos.

Una de las palabras que mejor definen una relación dependiente es la palabra necesidad (el tan famoso “te necesito”). ¿Te necesito para qué? Para ser feliz, para estar seguro de mi mism@, para no pasarlo mal, para no salir de mi zona de confort, para no iniciar un proceso de cambio en mi vida…

La dependencia comporta estar mal tanto interiormente como con tu misma pareja, y no atreverse a dar el paso de desprenderse de ella. No la estás eligiendo para que forme parte de tu vida porque te hace bien y te aporta cosas positivas, sino porque sin ti, no sé que me pasaría (aunque estando contigo no esté bien). ¿Resulta irónico verdad?

Para evitar caer en una relación de dependencia emocional (ojo… se está centrando exclusivamente en parejas ya que es la norma general, pero también pueden ser círculos de amistad o incluso círculos familiares como por ejemplo los mismos padres), tenemos que tener claro ciertos límites y también trabajar en eso que a la sociedad le gusta llamar soledad, y que a mí me gusta llamar crecimiento personal.

Una relación no es una cárcel o prisión donde una vez entras dentro ya no puedes escapar. Si decides formar una pareja es ara estar mejor que estando sol@, pero para ello, como he dicho anteriormente debemos aprender a estar solos primero. La dependencia emocional es esa persona que se mantiene en esa jaula a voluntad, aunque la puerta esté abierta y pueda salir cuando quiera.

Una persona con una buena autoestima no creará relaciones dependientes, sabrá muy bien cuáles son sus valores, los valores que quiere en esa otra persona y lo que busca de él/ella. Acordará unos límites, los cuales nunca podrán ser sobrepasados por la otra persona, y si lo hace, será el punto de inflexión para terminar la relación. Por lo tanto, esos límites son innegociables. Antes que él/ella, estoy yo, y eso señoras y señores, no es ser egoísta, es ser consecuente y sincer@ con uno mism@. De hecho, es más egoísta mantener una relación a la que ya no se quiere pertenecer y se sabe, por miedo a estar sol@, o por ceder nuestros sentimientos y emociones (felicidad, tranquilidad, seguridad, etc…) a la presencia de esa persona a la cual ya no quieres.

Desprenderse, irse, salir de allí implica miedo. Implica cambio, implica incerteza, implica iniciar algo nuevo, y eso… eso es algo que tememos los seres humanos, pero tiene una contrapartida muy positiva. Por un lado nos da la posibilidad de encontrar algo nuevo (no tiene por qué ser una nueva persona, puede que sea empezar a saber estar bien con un@ mism@). Por otro lado, iniciar algo nuevo implica un esfuerzo, y todo esfuerzo se basa en un desarrollo personal. Aprendes nuevas estrategias exigidas por el nuevo contexto, y en definitiva, creces como persona.

Quien quiere estar con nosotr@s lo demuestra con ACTOS, no con palabras, y tenemos que desarrollar la suficiente madurez emocional como para aceptar que puede que haya gente a la que ya no interesemos, o que no hayamos interesado nunca y que no quiera formar parte de nuestras vidas. Duele, pero es más doloroso arrastrarse por alguien que no quiere compartir su vida con nosotr@s.

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¿Cómo puedo saber si soy dependiente emocionalmente?

Existen ciertos patrones que se repiten en las personas con dependencia emocional. El primero y más obvio es que no terminas esa relación pese a que no eres feliz o sabes que esa no es la persona adecuada para ti.

De algún modo esa persona no te trata bien, o no te trata de acuerdo a lo que buscas en una pareja, y sigues con él/ella.

Existen personas, que por miedo a perder a esa pareja, dejan de ser ellas mismas. Cambian patrones de vestimenta, de pensamiento, de modo de hablar, de hábitos….) en base a lo que creen que busca la otra persona.  De algún modo se convierten en la persona que creen que quiere el otro/a, para que así no les dejen. Con esta estrategia dejas de ser tu mism@, y eso es un problema enorme, que trae consecuencias como las anteriormente mencionadas como ansiedad, depresión, falta de confianza, etc…

También te “vendes” ciertas excusas que hacen que tengas una cierta esperanza en esa relación: “Algún día esta relación será perfecta”, “ahora está todo mal, pero seguro que nuestro amor lo puede todo y saldremos adelante”, “¿y si cambia? Seguro que si empieza a hacer las cosas bien será la relación perfecta”, “¿y si no conozco a nadie más cómo él/ella? ¿Me quedaré sol@ para siempre?”, “seguro que es una mala racha y en poco tiempo lo solucionaremos”.

De acuerdo, puede que alguna de estas “excusas” tengan cierto grado de validez, pero hay personas que literalmente se pasan toda la vida creyéndolas, viviendo una relación toxica que no les permite conocer otras experiencias, otras personas, que no les permite evolucionar, que nos les permite experimentar lo que es ser feliz… Sería bueno plantearse tomar una determinación, por difícil o dolorosa que sea si estás sufriendo esta situación.

Si leyendo este post te has sentido identificad@, no hace falta que te alarmes. Sería bueno que empezases a vigilar, a analizar tu situación, a comprender que una relación se basa en el bienestar, que las relaciones no nacen para convertirse en problemas; más bien todo lo contrario. Es normal que una pareja tenga momentos de conflicto, pero lo que no es lógico es que la base que sustenta una relación la conformen los pilares del malestar, la “obligación” de estar con esa persona por miedo a estar sol@, o el resto de contingencias que se han tratado en el artículo.

Si queréis poneros en contacto conmigo porque creéis que sois una persona dependiente emocionalmente, estaré encantado de poder ayudaros. Podéis mandarme un mail a coachingemocionalbcn@gmail.com y concertamos una cita sin compromiso. De hecho, la primera visita es gratuita.

Si os ha gustado, por favor, dejad un like y si queréis compartir con la comunidad y conmigo vuestra opinión respecto a este tema tan interesante, será un placer poder leeros.

Sin más, ¡Un saludo familia!

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